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Gracias a la capacidad técnica y operativa del Acueducto de Bogotá, al liderazgo de la Alcaldía y sus instituciones, y al comportamiento de la ciudadanía, hace un año logramos superar con éxito la crisis del racionamiento de agua en la ciudad y seguir adelante.
Y para que esta historia no se repita, en Bogotá, nuestra casa, estamos preparados para enfrentar nuevas sequías, pues en el último año fortalecimos el nivel de almacenamiento en los embalses, mejoramos y modernizamos la infraestructura y articulamos varias acciones técnicas y operativas para que el suministro de agua no vuelva a estar en riesgo ante una nueva amenaza climática.
Nuestro sistema de abastecimiento tiene hoy un mayor respaldo gracias a que triplicamos la capacidad de tratamiento de agua en la Planta Tibitoc, al pasar de 4,5 metros cúbicos por segundo a 10,5 metros cúbicos por segundo. También avanzamos con la modernización de la Planta Wiesner para ampliar la capacidad de tratamiento de agua potable de 14 metros cúbicos por segundo a 21 metros cúbicos por segundo del agua proveniente del sistema Chingaza. Esta redundancia de nuestro sistema es una garantía para la confiabilidad en el suministro de agua.
Otro aspecto que nos da tranquilidad es el nivel del agua almacenada en los embalses, pues el sistema Chingaza, la principal fuente de abastecimiento para Bogotá, tiene 120 millones de metros cúbicos de agua; es decir, 73 millones de metros cúbicos más que en abril de 2024, momento en que establecimos las restricciones de este recurso.
Además, contamos con una ciudadanía que entendió la importancia de cuidar nuestros recursos y ahora mantiene una cultura de uso responsable del agua, hecho que se evidencia al constatar cómo, luego de levantar los ciclos de racionamiento, el consumo se mantiene controlado. En este aspecto, quiero resaltar que hoy, con 120.000 usuarios más, el consumo es similar al de 2023, con 17,3 metros cúbicos por segundo aproximadamente.
Esta es la certeza del éxito del cambio cultural en el que nos empeñamos desde el primer día del racionamiento, gracias a los acertados mensajes de Renacua y sus amigos, protagonistas de nuestra campaña pedagógica, que no paran de sembrar conciencia ambiental en toda la ciudadanía.
Pero no nos quedamos quietos y, pensando en el agua que consumirán las generaciones futuras, nos dimos a la tarea de construir una hoja de ruta a largo plazo mediante una estrategia de Seguridad Hídrica clara y con respaldo internacional, que guiará nuestras inversiones de largo plazo. Hoja de ruta en la que ya hemos avanzado con acciones como los estudios para la modelación del sistema hídrico y el análisis del agua subterránea, o con el fortalecimiento de protocolos y sistemas de alertas tempranas para estar preparados ante sequías. Así mismo, con recursos del Distrito por $63.000 millones, seguimos trabajando en la protección y conservación de las cuencas abastecedoras.
Otros hechos relevantes en la nueva relación con el agua y su uso adecuado son la innovación en modelos y pilotos de reúso del agua residual tratada en la PTAR Salitre y nuestra gestión para reducir las pérdidas de agua en la ciudad, con la que hemos podido recuperar más de 6 millones de metros cúbicos en 2025 y adelantar acciones legales contundentes contra el fraude.
Si bien superamos la crisis de 2024 y hoy estamos mejor preparados para garantizar el agua ante una nueva sequía, son varios los desafíos que nos seguirá trayendo la variabilidad climática y, aunque estamos listos para enfrentarlos, estos van a requerir grandes inversiones sostenidas en el tiempo, un trabajo técnico que privilegie el análisis de los datos por encima de posiciones políticas y una ciudadanía que mantenga firme su nueva cultura ambiental, que jamás olvide la importancia de cuidar el agua, así como lo hacemos en el Acueducto de Bogotá para cuidar de todos.
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