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Analistas 11/12/2020

Esfuerzos mal recompensados

Narciso De la Hoz G.
Director editorial Revista Gerente

“¿Por qué un país que ha hecho tantas cosas bien no ha conseguido crecer con más rapidez?”, preguntaba hace dos años el economista Santiago Levy en un libro publicado por el BID y titulado como esta columna.

A diferencia de otros países de la región, el caso objeto de análisis ha tenido una política macroeconómica responsable, suscribió un TLC con su poderoso vecino del norte y logró insertarse en las cadenas globales de valor, gracias a lo cual se convirtió en un exitoso exportador de manufacturas y superó su dependencia de las materias primas.

A pesar de ello, la prosperidad le ha sido esquiva y Levy llegó a la conclusión de que la falta de crecimiento de México es atribuible a una mala asignación de recursos y que ésta, a su vez, es la causa del estancamiento de la productividad que, si bien no lo es todo, en el largo plazo es casi todo, según Paul Krugman.

En otras palabras, que el trabajo y el capital no se canalizan hacia las empresas más productivas y algunas inversiones se desperdician en otras empresas que tal vez no deberían sobrevivir, mientras que las inversiones en las más productivas no se concretan.

Levy acaba de presentar un análisis similar para Colombia en el que encuentra grandes similitudes con México. A partir de los datos de las Cámaras de Comercio y el Dane, revela que más de 80 % de las 7,1 millones de empresas del país son informales y que la mayoría (97 %) tiene entre 1 y tres trabajadores; que solo hay unas 153.000 formales con nóminas entre cuatro y 10 trabajadores y 72.000 con más de 11 empleados.

“La actividad económica está muy fragmentada. Las micro, pequeñas y medianas empresas ocupan casi 60% de la fuerza de trabajo y concentrarían 20% ó 25% del stock de capital”, dijo en un evento del Consejo Privado de Competitividad.

Según Levy, la informalidad es enemiga de la productividad porque se requieren empresas grandes que inviertan en las habilidades de sus trabajadores y esto no ocurre. “Si el sector informal fuese más pequeño y el formal más grande, la productividad sería más alta y habría menor rotación laboral. Colombia no es improductiva por falta de capital humano sino porque desperdicia su capital humano”.

Pero la clave de su análisis es que el entorno institucional y las reglas de juego (leyes laborales, ley 100, régimen tributario y la regulación de los mercados, etc) son responsables de la alta informalidad de la economía y de su baja productividad.

“En Colombia la protección social está construida alrededor de una maraña de normas y leyes que penalizan la formalidad y subsidian la informalidad, aunque no sea la intención. Se castiga al sector más formal y se premia al más improductivo”, señaló el investigador de Brookings Institution y director de la Misión de Empleo, y agregó que lo ideal sería que los individuos de altos ingresos pagaran más impuestos para subsidiar a los más pobres.

También es clave su mensaje de que Colombia debe dejar de creer que basta con más inserción en la economía mundial y más inversión en políticas de innovación, desarrollo productivo y educación, para acelerar el crecimiento. Todas esas son condiciones necesarias pero no suficientes mientras persista el círculo vicioso de alta informalidad y baja productividad.