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Analistas 23/02/2021

El juego peligroso de Elon Musk

En 2000, la explosión de la burbuja puntocom sumió a Silicon Valley en una profunda depresión económica. Fue como si, de repente, la industria tecnológica se hubiera detenido, víctima de la exuberancia irracional de los mercados y la falta de ideas innovadoras.

Las nuevas empresas que comenzaron a aparecer después -Facebook y Twitter- tenían poco que ver con las pioneras del Valle del Silicio (HP, Intel, Sun, etc), y las compañías más visibles parecían competir por organizar las mejores fiestas.

“Las mejores mentes de mi generación se devanan los sesos para lograr que la gente haga clic en un aviso”, se quejó uno de los primeros ingenieros que trabajó para Facebook.

Peter Thiel, el millonario cofundador de PayPal e inversionista de riesgo, publicó en 2010 un ensayo en el que señaló que la industria no estaba cumpliendo las expectativas de la gente. “Queríamos carros voladores, no mensajes de 140 caracteres”.

Elon Musk, cuya figura emergió en medio de la burbuja, llegó para cambiar las cosas. Aunque sus primeros emprendimientos fueron dos puntocom que lo hicieron millonario (Zip2 y X.com, el origen PayPal), en 2002, después de cerrar la venta del segundo, se mudó a Los Angeles e invirtió casi toda su fortuna en SpaceX, Tesla y Solar City.

“Musk ha fusionado átomos y bits de manera que pocos consideraban posible, y los resultados han sido espectaculares”, escribió su biógrafo, Ashlee Vance.

Físico y economista, Musk recuerda más a Thomas Edison que a los emprendedores de Silicon Valley urgidos de salir a la bolsa y hacerse millonarios. En palabras de Vance, tiene alma de industrial y la habilidad de un hombre de negocios capaz de crear grandes productos.

Pero el ego y la personalidad de Musk, ya han sido fuentes de conflicto con las autoridades regulatorias. A finales de 2018, Tesla se vio obligada a nombrar a un presidente independiente como parte de un acuerdo con la SEC (Securities and Exchange Commission) para mejorar su gobierno corporativo, una de sus principales debilidades, y resolver los cargos de fraude relacionados con el manejo de información en las redes sociales por parte de Musk.

“Me he convertido en un meme, en un destructor de los que apostaron contra Tesla”, se jactó a comienzos de febrero en Twitter. Con una valorización de 730%, la subida de las acciones de la compañía en 2020 les generó una pérdida de US$38.000 millones a quienes apostaron en corto por la caída.

Tesla también anunció que había invertido US$ 1.500 millones en bitcoin, una movida que le ha representado beneficios por US$ 1.000 millones en un mes, más de lo que ganó vendiendo carros eléctricos en 2020 (US$ 721 millones), y que aceptará la criptomoneda como medio de pago. Ya antes varios ‘trinos’ de Musk habían disparado el precio del dogecoin.

Después de venderse como el David que lucha contra las élites de Detroit y Wall Street, Musk es ahora Goliat, el hombre más rico del mundo y el principal accionista de la compañía fabricante de carros más valiosa del mundo. Por eso, convertirse en un meme lo hace más vulnerable al cambio en los gustos sociales, como lo señaló el Economist, y puede ser un juego peligroso para quien ha sido capaz de fabricar el equivalente automovilístico del iPhone.