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Analistas 29/05/2026

Votar con conciencia

Mauricio Olivera
Vicerrector Administrativo y Financiero UniAndes

El próximo domingo no votamos una elección cualquiera. Votamos si Colombia insiste en el rumbo del gobierno que comenzó con Gustavo Petro o si corrige. Y la decisión importa más de lo normal porque el país sí necesita cambios. Colombia sigue siendo una sociedad desigual, y esa desigualdad explicaba buena parte de la esperanza que despertó en 2022 el primer gobierno de izquierda de nuestra historia. Después de gobiernos de centro y derecha, con resultados paulatinos en pobreza y crecimiento, muchos creyeron que llegaría una agenda capaz de profundizar oportunidades para los más vulnerables. Cuatro años después, esa promesa no se cumplió.

No porque el país no requiera reformas. Las requiere. El problema es que este gobierno confundió cambio con estatización y justicia social con confrontación permanente. En salud, casi que destruyó completamente el sistema sin construir uno mejor. En pensiones, avanzó hacia un esquema que casi borra al sector privado. En empleo, el dato agregado ha mejorado, pero el crecimiento se ha apoyado más en actividades asociadas al sector público y en trabajo por cuenta propia que en productividad, formalidad y crecimiento sostenible. Más que resolver el problema de fondo, el gobierno administró el corto plazo.

A eso se sumó el populismo. El salario mínimo para 2026 subió 23,7%, muy por encima de la inflación, en una decisión políticamente rentable, pero económicamente costosa. Lo mismo ocurrió con la relación con las instituciones: ataques a decisiones judiciales, choques con las cortes y presión sobre la independencia del Banco de la República. Cuando cualquier límite institucional se presenta como sabotaje de las élites, el gobierno deja de gobernar para todos y empieza a hacer campaña desde el poder.

Tampoco puede hablarse de un buen cierre en seguridad, corrupción y manejo ético del poder. Colombia venía haciendo un esfuerzo por dejar atrás la violencia y consolidar un proceso de paz. Con este gobierno dimos pasos hacia atrás: regresó la violencia en muchas regiones, se deterioró la seguridad y el escándalo de la Ungrd terminó simbolizando justo lo que se prometió combatir: corrupción y uso político de los recursos públicos. Todo esto llega, además, con unas finanzas públicas mucho más frágiles. El próximo gobierno no recibirá una chequera holgada, sino un Estado con más gasto, deuda más cara, menos margen y más desconfianza.

Y hay algo adicional que preocupa. La campaña del continuismo no está invitando a pensar el país que viene, sino a seguir atrapados en el país que no hemos podido superar. En lugar de una discusión sobre futuro, productividad, educación, seguridad, salud y sostenibilidad fiscal, seguimos girando alrededor de la confrontación, el agravio y los fantasmas de siempre.

Por eso esta columna no es solo una crítica al continuismo. Es, sobre todo, una invitación a votar con conciencia. El domingo no se define únicamente quién gana una elección: se define qué país queremos construir. Uno que recupere la capacidad de avanzar con instituciones, crecimiento, seguridad y oportunidades, o uno que siga perdiendo tiempo en la confrontación, el desgaste y el debilitamiento institucional, y los pasos hacia atrás. Colombia sí necesita cambios. Pero esta vez hay que elegir pensando menos en la rabia del momento y más en el futuro del país.

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