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Analistas 27/12/2020

Vivir sin miedo en 2021

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

Ese quiero que sea mi regalo de navidad. Aunque esta columna la escribo con base en mi experiencia personal, seguramente hablo por millones en el mundo que encontraron en el 2020 el año más oscuro y difícil de sus vidas. Escribo estas líneas como un balance de las lecciones que dejó el año que termina, pero cierro con la esperanza de que en 2021 vamos a sacudirnos para vivir sin miedo.

Antes de la pandemia vivía más confiada, no me preocupaba por el mañana porque tenía la certeza de que todo sería como el hoy con alguna pequeña variación. Hoy, vivo como si fuera el último día y no es tan maravilloso o aleccionante como nos cuentan en las historias de televisión. Es vivir con temor, con incertidumbre, levantándote todas las mañanas con la inquietud de si todo y todos están bien, ¿quién será la nueva víctima del covid?, ¿quién tuvo que se cerrar su empresa?, ¿quién se separó de su pareja?, ¿quién no resistió y cayó en la depresión del aislamiento?, ¿quién se contagió o quién murió? No quiero seguir sumando esas páginas tristes.

Todo empezó en el momento en que declararon el simulacro de cuarentena en Bogotá, al día siguiente como presagio de que venía un año de pérdidas, murió una sobrina recién nacida, sin alguna explicación razonable hasta el día de hoy. Solo un mes después se fue mi abuelo materno, sin poderlo despedir, aislado, solo y suplicando en la habitación de una clínica que quería ver a su familia. Después el contagio masivo de mi familia y hace apenas un mes la muerte de mi abuelo paterno, el patriarca de la familia. Parece que no alcanzamos a recuperar la confianza, cuando un nuevo golpe toca la puerta. Y ni qué hablar de lo que pasó en el mundo: se cerraron fronteras, se separaron familias, entramos en recesión económica, se desplomaron los precios del petróleo y por si fuera poco al país lo golpeó por primera vez un huracán categoría 5. Pero como nunca me ha gustado dejar saldos en rojo y hablar en negativo, esta columna, que hasta ahora parece un memorial de agravios contra el 2020, en realidad es un gesto de bienvenida al 2021. El que viene será el año para dejar el miedo atrás.

Y ojo, vivir sin miedo no significa estar desprevenido. Esa lección ya la aprendimos - por lo menos la mayoría-, sabemos que tendremos que cuidarnos hasta que logremos acabar con el virus. Seguiremos usando el tapabocas, manteniendo el distanciamiento y el aislamiento social. Aunque ya sueño con ese día en que podamos salir sin tapabocas y respirar tranquilamente, apretar la mano de quien nos saluda, abrazarlo, reír a carcajadas, cantar y, por qué no, estornudar tranquilo y tener derecho a sufrir un dolor de cabeza sin que empiece la paranoia del contagio. Espero el día en que dejemos de contar cuántos se han contagiado y cuántos han muerto para contar cuántos han sido vacunados y que porcentaje de inmunización llevamos. Ya no contaremos las historias de las pérdidas, sino de los que sobrevivieron, los que recuperaron su empleo, las empresas que volvieron a abrir, las familias que se reencontraron, los niños que volvieron a sus clases, contaremos la historia de que vencimos la pandemia. Ese día cambiaremos la incertidumbre y la muerte por la esperanza y las buenas noticias. Nuestra responsabilidad es cuidarnos hoy para estar ahí mañana y ganarnos el derecho de vivir un 2021 sin miedo.