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Analistas 24/05/2023

Un cese sin reglas

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

Todavía resuenan en mí las palabras de Otty Patiño -que tardíamente rectificó- en las que pone en duda el carácter forzoso del reclutamiento de menores. Este último episodio demuestra que no solo es forzoso, sino cruel, bárbaro, irracional, inhumano, salvaje y despiadado.

La gran paradoja es que los reclutadores, los asesinos, los victimarios, son un grupo al margen de la ley con el que está pactado un cese bilateral del fuego; sin ningún tipo de persecución o presión de la Fuerza Pública y casi que con la parálisis de las operaciones en su contra, cuentan con una tácita anuencia y complicidad de las fuerzas del orden.

Estos pequeños, con apenas 14 y 16 años, fueron reclutados el 16 de marzo, arrancados del seno de su comunidad, vestidos de camuflado, armados con pesados fusiles al hombro y obligados a entrar en una guerra sin escoger el bando. Sus instintos y valentía los hicieron escapar el 15 de mayo y llegar hasta el cabildo El Estrecho pero, sin suerte, fueron alcanzados por sus captores quienes sin gota de consideración los acribillaron frente a la misma comunidad que intentó protegerlos.

Esto solo demuestra que el tal cese no existe y que solo es una ventana de aprovechamiento de los grupos ilegales para expandirse, fortalecerse y enriquecerse. Y como si no tuviéramos suficiente muestra de cinismo, las Disidencias, con las que estamos próximos a abrir una mesa de negociación, responden con otra amenaza diciendo en un comunicado que “el rompimiento unilateral desatará la guerra y se multiplicarán los muertos, heridos y prisioneros”.

¿De verdad el gobierno no se da cuenta de que están jugando a la tregua y que los otros usan como herramienta para delinquir a sus anchas? Es que no es solo el vil asesinato de estos menores: en 140 días de cese, las disidencias han cometido 226 actos violentos entre extorsiones, secuestros, ataques a infraestructura, asesinatos y masacres. Y de esto ni siquiera podemos decir que es la gota que rebosó la copa, ahí seguimos esperando a que se llene: apenas hablamos del levantamiento parcial del cese bilateral en 4 de los 16 departamentos donde actúan las disidencias: Caquetá, Putumayo, Guaviare y Meta.

Mejor dicho 12 departamentos siguen bajo las mismas reglas, o mejor, sin reglas. Que candidez la del gobierno seguir acolitando los actos violentos en Antioquia donde hay registro del adoctrinamiento de la guerrilla a los niños en sus colegios ¿También van a permitir los “patrullajes” que hacen en pleno casco urbano de Tibú en Norte de Santander? ¿O terminaremos por validar los secuestros en Nariño?

Ojalá el crimen contra cuatro niños indígenas en Putumayo haga reflexionar a muchos en el gobierno: se requiere más empatía con las víctimas, menos generosidad con los victimarios, más autoridad en el territorio y menos ingenuidad en la negociación.

El levantamiento parcial del cese bilateral siembra más confusión, muestra falta de autoridad, legitima la burla a la voluntad del gobierno de sentarse a dialogar y es cómplice de las barbaridades que siguen cometiendo los grupos armados en otras regiones del país. Con la lección en la cara, no se puede cometer el mismo error de sostener un cese sin reglas, sin verificación, con ausencia de control por parte del Estado y con las manos caídas de la Fuerza Pública.

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