Analistas 18/03/2020

La desinformación es la pandemia

Hay algo que todavía no me cuadra en esto del Covid-19. Por un lado, las autoridades de salud dicen que se trata de una gripa normal, pero más severa, que 80% de las personas son asintomáticas y que la fatalidad es menos de 2%. Entonces, ¡cero rollo, no hay por qué entrar en pánico! Pero por el otro lado, los gobiernos ordenan aislamientos, cierran fronteras y “encuarentenan” ciudades.

Ese corto circuito entre el mensaje y la medida que se toma, aquello de, hoy digo una cosa y mañana hago otra, permitió que la pandemia se propagara. Pasó en Italia. Cuando el virus salió de Wuhan, lo trataron como una simple gripa ¿El resultado? Para el 25 de febrero había 150 casos, en 20 días superaron la barrera de los 1.500, y no precisamente de contagiados, sino de muertos.

También pasó en España. para el 7 de marzo había 400 contagiados, aun así, el Ministerio de Sanidad, autorizó multitudinarios actos políticos y manifestaciones. Una semana después la cifra subió a 8.000 contagiados y 300 muertos.

Italia hoy está en cuarentena total y España oficialmente cerrado. Esos países pasaron de la inacción y la indiferencia sistémica a medidas extremas, sin medir las consecuencias sociales y económicas que son igualmente catastróficas. Piensen esto, la improductividad empobrece y la pobreza también mata: mata con sistemas de salud ineficientes, con un desempleo vertiginoso, con una educación mediocre y un exceso de ignorancia, y mata, y por millones, de hambre.

El otro efecto de la desinformación es el pánico colectivo, la incertidumbre y la depresión. Algunos italianos dicen que desde la segunda guerra mundial no vivían algo tan difícil. Y en España ya lo comparan con la peste de 1918, no por su mortalidad, sino por el temor, que se volvió en el nuevo inquilino de las cuarentenas. Y es que más contagioso que cualquier virus es el miedo. Y el miedo junto a la depresión también matan.

¿La solución? Los gobiernos tienen que tomarse esto en serio, no volver a decir que es una simple gripa, para al día siguiente cerrar fronteras. Tomar medidas rigurosas y a tiempo, y no extremas y a destiempo para terminar desconectando el mundo.

Un ejemplo podría ser lo que hizo Corea del Sur, pasó de estar en segunda línea por contagio del Covid-19, a tener el índice más bajo de mortalidad, 0,6% ¿La clave? La más sencilla, la prevención. Masificaron las pruebas médicas. Montaron laboratorios tipo “drive thrus” y así lograron detectar personas contagiadas mucho antes de presentar síntomas cortando la cadena de infección.

Y esta fue la segunda estrategia de Corea: en tiempos en que nos recomiendan aislamiento social, ellos emplearon la hiper-conectividad. Desarrollaron una aplicación con la que le hacen seguimiento hasta por GPS a quienes están en cuarentena y permite a otras personas saber si alguien con la enfermedad está cerca. Muchos protestan por supuesta invasión a la intimidad, pero, si ya antes notificábamos por redes sociales al mundo entero hasta de que comíamos, pues ahora tienen derecho a saber si somos Covid-positivo o no. Hasta el día de hoy, Corea del Sur no ha ordenado el cierre o la cuarentena de ninguna ciudad.

P.D. En Colombia las filas en Migración violan todas las normas que el mismo gobierno impuso: más de 500 personas, a menos de 2 metros de distancia durante más de 15 minutos.