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Quiero hablar en esta columna de esa verdadera Colombia, a la que tenemos que reconocer por encima de los prejuicios y las narrativas de odio. La que siempre ha construido, pese a los estigmas de los últimos años desde el poder. La que siempre sostiene, pero que cuando Colombia cae, se levanta con más fuerza. La Colombia empresarial.
La familia Gilinski anunció $150.000 millones para reconstruir hospitales y colegios en Cali. David Vélez, fundador de Nu, aportará otros $100.000 millones para los damnificados. Y la familia Santo Domingo, a través de la Fundación Santo Domingo, Valorem y empresas vinculadas, comprometió otros $100.000 millones.
Pero la historia no termina en los grandes cheques. Quizás lo más poderoso está en entender la dimensión de una solidaridad que se expresa de mil maneras.
Postobón entregó más de 86.000 litros de agua y bebidas, con la meta de superar los 100.000; Bavaria puso 250.000 unidades de agua y Pony Malta. Cencosud aportó 100 toneladas de productos de hidratación. Bbva entregó 3.500 kits de alimentos y aseo.
D1 puso 1.000 toneladas de alimentos y productos de primera necesidad; Tiendas Ara, 39 toneladas. Grupo Éxito y Fundación Éxito llevaron ayuda a 3.500 familias. Grupo Diana aportó $400 millones en alimentos. Roa, Florhuila, Doña Pepa y la Fundación Amigos Como Arroz anunciaron tres millones de porciones de arroz.
Alquería, Alpina, Tetra Pak y los productores de Analac hicieron posible una cadena ejemplar: 30.000 litros de leche. Organización Ardila Lülle, Grupo Olímpica, McDonald’s, PepsiCo, Nestlé, Grupo Nutresa, Ferrero, Granos & Cereales de Colombia, Ramo, Cofca y Unibol también aportaron alimentos y productos.
Y cuando llegó la hora de pensar en reconstruir, aparecieron quienes saben construir: Tecnoglass aportó $5.000 millones representados en ventanas; Acerías Paz del Río anunció acero para el Banco de Materiales y todo el acero necesario para reparar y reconstruir la Catedral de Manizales; Ultracem y Cemex aportaron cemento y Cerámica San Lorenzo, materiales de construcción.
Celsia puso maquinaria amarilla para rescate. Grupo Trinity entregó equipos de protección para los socorristas. Organización Corona aportó más de 6.700 kits de supervivencia y 4.300 artículos de habitabilidad. KFC Colombia, más de 1.600 menús. Ecopetrol, kits humanitarios, alimentos y elementos de aseo y cocina. Boston Scientific y Becton Dickinson, insumos médicos. Brinsa, productos de limpieza, desinfección y alimentación. Colombia Fintech movilizó ocho toneladas de donaciones y puso otro vehículo para transportar más de 20 toneladas. Las empresas paisas organizadas por Proantioquia aportaron $200.000 millones.
Y todavía faltan muchos nombres, porque más de 100 compañías se sumaron a #EmpresasUnidasPorColombia, en una campaña de la Andi que superó los $201.637 millones.
¿Es esto caridad? No. Es algo mucho más profundo: es tejido empresarial.
Y quizá lo más hermoso de todo es que ese espíritu no vive solamente en las grandes empresas ni en quienes tienen más para dar. Vive en cada colombiano. En el que, desde sus propias carencias, compartió un mercado, donó una cobija, llevó una botella de agua, entregó unas monedas, abrió las puertas de su casa o simplemente hizo una oración. A todos ellos, a los grandes y a los pequeños, a quienes dieron mucho y a quienes dieron lo poco que tenían: gracias. Muchas cosas se destruyeron, pero hay algo que permanece firme: la solidaridad.
En el 2022 argumenté que Gustavo Petro iba a resultar lo PEOR que había visto Colombia en su historia. No me equivoqué
No se trata de un cargo burocrático internacional. El GEF es el mayor financiador público del mundo dedicado exclusivamente al medio ambiente. Desde su creación, ha aportado más de US$27.000 millones y movilizado otros US$155.000 millones para proyectos ambientales en países en desarrollo
Aquí está la buena noticia: si el enemigo son ideas, se combate con ideas. Las empresas invierten millones en capacitar habilidades y casi nada en revisar las creencias sobre las que operan