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Analistas 01/09/2021

Ella es astronauta

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

Creo que no tenía más de cuatro años cuando decía que quería ser astróloga ¿Astróloga? Que proyecto tan particular; algunos me ignoraban mientras otros me seguían la corriente para terminar por esquivar la conversación. Solo alguna vez alguien me dijo: ¿Cómo así, quieres ser astróloga para leer las cartas y predecir el futuro? No, quiero ir al espacio, respondí; ¡ah entonces quieres ser astrónoma!, me replicaron. Y así era: mi decisión de llegar a la luna llegó antes de saber siquiera como se llamaba esa profesión; mis ganas de conocer las estrellas llegaron antes que mi conciencia. Y que dañó me hizo la conciencia. Poco a poco ese sueño se fue disolviendo, mientras entendía y me hacía “consciente” de que eso era imposible ¿La razón? Esas expectativas fueron superiores a mi capacidad ¿Por qué? Por muchas limitaciones económicas, pero, sobre todo, muchas limitaciones mentales.

¿Cuántas como yo abandonaron sus sueños desde muy pequeñas por esa conciencia apabullante? Mientras que en Colombia 30% de los hombres estudia carreras de las áreas Stem (ciencia, tecnología, matemáticas e ingeniería) 17% de las mujeres lo hace, brechas que aumentan cuando hablamos de contratación y salarios. Pero las cifras solo nos dan un titular, la realidad es mucho más intimidante: las profesiones Stem están extensamente estereotipadas, tienen etiquetas masculinas y conversaciones llenas de prejuicios.

Es por eso que resulta tan poderoso el mensaje que traen 31 niñas colombianas graduadas este fin de semana en el programa “Ella es astronauta” del Space Center de la Nasa. Viajaron de los lugares más recónditos de Colombia, en el Cauca, Putumayo, Chocó, Sucre, Nariño, Santander. Solo para llegar a Bogotá, tuvieron que recorrer hasta tres horas en lancha, otra travesía más a lomo de mula y moto para después tomar, por primera vez en su vida, un avión. Al final eso que parecía a años luz de distancia se les puso al frente: estar más cerca de las estrellas.

Gracias a la gestión de la Fundación She is y de otra mujer que no conoce límites, Nadia Sánchez, estas pequeñas, por las que pocos apostarían, llegaron a Houston y durante una semana vivieron la experiencia de ser astronautas.

Participaron en la construcción y lanzamiento de cohetes prototipo, programaron robots, probaron el entorno de un astronauta, recrearon un hábitat lunar, pusieron a prueba sus emociones con la presión de un aterrizaje y entrenaron su físico con la simulación de la gravedad cero. Al final recibieron el escudo de la misión al espacio, tuvieron su graduación simbólica como astronautas y recibieron las llaves de la Nasa.

Vuelven a Colombia siendo distintas: hoy quieren ser físicas, ingenieras aeroespaciales, matemáticas o biólogas. El conocimiento que adquirieron es invaluable, pero lo es aún más su nueva con-ciencia, no esa conformista y limitada que nos hizo a muchas renunciar a nuestros sueños, sino una que cree y puede. Ahora son agentes transformadores en sus comunidades e inspirarán a las futuras mujeres para encontrar el camino “al infinito y más allá”.

Ellas abrieron la puerta que miles de mujeres no nos atrevimos a tocar. Ellas ahora nos hacen creer que sí se puede, que no hay que renunciar a los sueños y que cuando de trazarse una meta se trata ni siquiera el cielo es el límite.

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