miércoles, 27 de mayo de 2020

Más columnas de este autor Maritza Aristizábal Quintero

No soy médica, menos científica. Podrán decir que soy una ciudadana muy “preocupada” y otros una irresponsable que habla de lo que no sabe. Pero puedo llamar las cosas por su nombre: la Organización Mundial de la Salud ha fracasado.

No solo le ha faltado liderazgo en momentos en los que el mundo atraviesa una de las peores crisis, sino que, además, ha salido a dar lecciones dubitativas, a decir y contradecirse y a recomendar como gran solución la misma que utilizamos hace 1.500 años con la plaga de Justiniano: la cuarentena. 15 siglos y no hemos podido pasar la página del confinamiento.
Y voy a arrancar con un error del que nadie habla, pero es evidente: la declaratoria de pandemia.

Como estándar internacional cuando un nuevo virus llega a todos los continentes debe hacerse. Pero así fueron las cosas: el último continente al que llegó el brote fue África, el 14 de febrero; ya había llegado a América el 21 de enero; a Europa y Oceanía el 25 de enero: y en Asia fue el caso cero. Sin embargo, solo el 11 de marzo el Covid fue calificado pandemia.

Estoy convencida de que la historia habría sido distinta si el reconocimiento hubiera sido una, dos o tres semanas antes. Hay una investigación que estudia el caso chino y concluye que de haberse tomado medidas tres semanas antes los casos se habrían reducido 95%. Quizá lo mismo le habría pasado al mundo si la OMS hubiera declarado la pandemia el 14 de febrero y no el 11 de marzo.

Tampoco se puede ignorar el correo del 31 de enero en el que Taiwán advirtió a la OMS. Aun así, el 14 de enero el organismo publica un comunicado que dice que no está probado que haya transmisión de humano a humano y el 28 de enero señala que China maneja la enfermedad con “compromiso y transparencia”.

Ahí está otro de los grandes errores, plegarse a las versiones de China. Países como Alemania, Japón y el mismo EE.UU. dudan de lo que oficialmente ha declarado el gigante asiático ¿No creen que es por lo menos extraño que el lugar donde nació el virus, y que estuvo por más un mes sin ningún tipo de medida y restricción, porque, incluso, despreció versiones médicas, hoy tenga solo 86.000 casos?

Los mensajes de la OMS han sido tan erráticos como confusos. Primero por el uso del tapabocas: que no para todos y ahora que sí; la desinfección con hipoclorito: que sí se recomendaba, después que no; y ahora nos llegan mensajes de que el virus no se tramite fácilmente por las superficies, después de que nos volvieron compulsivos con el simple roce de una mesa.

También les voy a recordar que sobre el cierre de fronteras y la cuarentena hoy dice que le preocupa que se levanten rápidamente, pero el 31 de enero consideraba inconveniente las restricciones a viajeros o explícitamente cancelar los vuelos desde China, el país cuna del Covid ¿Cómo se explica eso?

Y aunque todo esto teníamos que decirlo, la responsabilidad deberá ser asumida después. Mientras tanto, la OMS, que falló como organismo científico y sanitario, debe mantenerse para que cuando exista un medicamento o una vacuna se distribuya democráticamente en todo el mundo y no caiga solo en manos de los países más poderosos. Sí, que al menos sirva como para hacer el lobby que corresponda y garantice que el antídoto llegue a todos. Ya después llegará la hora de repensarla, reencausarla, reevaluarla o porque no, remplazarla.