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La economía global atraviesa condiciones adversas, con alta inflación -especialmente en energía y otras materias primas-, tasas de interés en aumento en el mundo, bonos de deuda más caros, expectativas de crecimiento a la baja y caída del comercio mundial.
En Colombia, los 300 puntos básicos que ha subido la tasa de interés en nueve meses no están conteniendo la inflación, porque el fenómeno es global. Una tasa de interés más alta en Colombia no tiene forma de abrir el estrecho de Ormuz, detener la guerra entre Rusia y Ucrania, quitar las restricciones comerciales impuestas por Estados Unidos, resolver los temas inmobiliarios de China ni hacer bajar los precios mundiales del gas. Lo que sí puede hacer es encarecer los créditos de vivienda, comerciales y de consumo, lo que provoca que se compren menos casas, se vendan menos bienes durables y se afecte la inversión privada, todo con efectos adversos sobre el empleo, como ya se está presentando.
La solución está, entonces, en otras dimensiones. En la fiscal, la propuesta presentada por el actual gobierno nacional es incrementar el monto de la deuda en $237 billones, en momentos particularmente desfavorables, para justificar un doloroso recorte que solo provocará que la economía se desacelere. Es una profecía autocumplida, propia de un modelo en el que se percibe al Estado como un obstáculo. Solo que no lo es: i) no hay países ricos con Estados pequeños; ii) Colombia no tiene un Estado grande comparado con sus pares de la Ocde; iii) hacernos más pequeños no nos volverá Suiza, sino Haití (o Argentina), y iv) Singapur no es un buen ejemplo. El reto es enorme. Colombia es una pequeña pieza con muy poca capacidad autónoma de resolver estos problemas globales y con poco margen fiscal, salvo, quizás, por una vía: una reforma tributaria progresiva.
Aparte de eso, lo que también puede hacer es cuidar a sus productores nacionales. De hecho, es lo que hacen todos los países avanzados y lo que hicieron los del sudeste asiático para volverse potencias: reindustrialización, mercado interno, inversiones en energías alternativas y diversificación tecnológica y del comercio exterior, como lo afirma el propio Fondo Monetario Internacional.
No estoy seguro de que alguna de estas necesidades sea uno de los ejes de los diálogos regionales que se están dando para construir el Plan Nacional de Desarrollo. Ojalá así sea. Parte de esos diálogos debe consistir en preservar programas y medidas que en el pasado han sido exitosos para el crecimiento, la generación de empleo, el incremento del poder adquisitivo, la expansión de las energías renovables y la reducción de la pobreza y la desigualdad.
En resumen: la prórroga del Certificado de Reembolso Tributario industrial y de servicios basados en conocimiento, la contención de las importaciones de paquetes de menos de US$200 y la extensión de las más de 53 medidas de defensa comercial que protegen a industrias y agroindustrias nacionales de materiales, partes y bienes finales. La continuación y ampliación de InvimÁgil y SimplifICA (con el nombre que quieran ponerle). La consolidación de los clústeres departamentales, con la perspectiva de fortalecer las cadenas regionales de valor (América Latina y el Caribe), con inversiones en eficiencia energética y nuevas tecnologías basadas en la IA, como lo define el Conpes 4144 de 2025. Y muchas otras.
De esto deberían estar hablando los gobernadores y alcaldes de todo el país. De esto debería estar hablando la Andi, gremio de la industria nacional, y por esto debería estar preocupada Analdex, gremio de los exportadores.
La Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría son enormes instituciones burocráticas que tienen funciones muy importantes en la estructura del Estado que creó la Constitución de 1991
Por el momento, los frentes con mayores expectativas han tenido que ver, primero, con el alza en las tasas de los Tesoros de largo plazo (las más elevadas en dos décadas) y, segundo, con la medición de la inflación
Responderlas obliga a elegir, y apostar también es renunciar. Priorizar exige decir abiertamente qué dejaremos de hacer o qué aplazaremos