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Un buen producto ya no es suficiente

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María Fernanda Hernández - mariaf@priscilalab.com

El desafío más grande para la industria de la moda hoy en día es implementar materiales y fabricaciones sostenibles para disminuir el impacto climático y de contaminación. La industria textil es la segunda que más contamina después de la industria petrolera; consume 93.000 millones de metros cúbicos de agua al año, lo que consumen 5 millones de personas, y se desechan al mar medio millón de toneladas de microfibra, eso equivale a 3 millones de barriles de petróleo. La industria de la moda produce más emisiones de carbono que todos los aviones, y barcos juntos.

Y esto es grave no sólo a mediano o largo plazo para el planeta, sino a corto plazo para las ventas. Porque los consumidores conocen estas cifras y las generaciones más jóvenes, en particular los millennials son sensibles a esta situación y han optado por apoyar con el bolsillo a las empresas que incluyen iniciativas de sostenibilidad y prácticas conscientes de abastecimiento. Los millennials son un tipo de consumidor diferente, escogen productos de empresas con valores afines a los propios, quieren impactar de manera positiva el planeta, sin sacrificar calidad y diseño. Esperan que los productos se vean finos y bien acabados no reciclados, quieren reutilizar sin sacrificar su apariencia.

Los negocios y compañías que han entendido la problemática y la sociología del consumidor incorporan en su modelo de negocio estrategias para reciclar, reusar o reducir el consumo de insumos, materiales y/o prendas.

H&M implementó hace algunos años una campaña de recoger ropa usada y se encargan de reciclarla. Venden las prendas que se puedan de segunda mano, usan algunos textiles como trapos de limpieza y donan otros para investigaciones sobre reciclaje textil y proyectos sociales.

Por su parte, la marca de zapatos Indosole usa como insumo llantas viejas, mientras Patagonia hace cada vez más productos a partir de botellas recicladas. La implementación de estas iniciativas es costosa y difícil, pero con resultados positivos en el posicionamiento de marca y en las ventas.

Y es que el consumo de moda ha tenido un crecimiento exponencial. La industria fabrica 100.000 millones de prendas al año y solo se vende el 30%. La “moda rápida” ha generado acceso a novedad permanente lo que ha conllevado a duplicar la fabricación, y del lado del consumidor a que cada prenda tenga menos posturas.

Nace entonces el deseo de reutilizar, disminuir la cantidad de prendas desechadas anualmente. Esto ha traído consigo el resurgimiento de la venta de ropa usada. Se pueden comprar de segunda mano: ropa de marca, ropa vintage, accesorios de lujo, ropa de closets de celebridades… En el mundo entero la compra de ropa usada es una alternativa.

Ha surgido también un modelo nuevo de consumo que no implica poseerla, el alquiler de ropa. No solo de gala, sino contar con un ropero infinito compartido con otras personas. Si un cliente quiere ponerse algo simplemente lo alquila, lo usa y lo devuelve. La propiedad no es relevante, lo importante es sentirse y verse bien todos los días. La moda o diseño circular incluye unas iniciativas donde los insumos son prendas desechadas aprovechando desarrollos tecnológicos y químicos reduciendo así el consumo de materiales.

El sector está cambiando, se crean oportunidades nuevas y van muriendo otras. La pregunta es ¿qué está haciendo su empresa por hablarle a esta nueva generación de consumidores conscientes y responsables?

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