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Gerenciando con compasión

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María Fernanda Hernández - mariaf@priscilalab.com

El mundo ha cambiado, la tecnología, las redes sociales, la globalización han generado una transformación profunda en nuestra sociedad, y como es natural trae consigo un nuevo estilo de liderazgo.

En contraste con el gerente héroe, omnipresente y omnisapiente que trajo consigo el siglo XX, están surgiendo líderes más accesibles, conscientes y transparentes. Hay quienes aseguran que hoy en día se requiere del “compassionate management” para lograr ser una empresa ganadora, con un ambiente de trabajo que conlleve al éxito.

Esta Gerencia con Compasión se trata de liderar con el corazón y no con gavel. Este tipo de liderazgo consiste normalmente en ponerse en los zapatos del otro, ver el mundo desde su perspectiva y sus motivaciones, ser jefes amables y sinceros, reconocer el logro de otros, ser visionario apasionado capaz de contagiar a otros y en general crear comunidades, no solo empresas. Estas comunidades sirven propósitos más allá de lo económico lo cual es inspirador y motivante para los empleados.

Arianna Huffington, fundadora del Huffington Post opina que en este mundo se necesitan líderes que sean capaces de construir equipo, colaboradores y con inteligencia emocional. La inteligencia emocional a diferencia de la analítica consiste en ser perceptivo, sensible a cambios en el entorno y las motivaciones de quienes nos rodean. Expertos aseguran que, si bien la inteligencia y conocimiento técnico son claves a principios de la vida profesional, a medida que se avanza en jerarquía la inteligencia emocional se convierte en el diferenciador entre un líder excepcional y los demás. Huffington va más allá al afirmar que estas características son intrínsecas a las mujeres, capaces de mostrar emoción y transparencia en sus actos y decisiones.

Este cambio cultural me parece necesario, pertinente y oportuno. Sin embargo, en nuestro país la igualdad entre hombres y mujeres es aún muy lejana en todo, incluso en temas de liderazgo.

Las cifras de 2018 muestran que en nuestro país solo 30% de miembros de juntas directivas son ocupados por mujeres. En puestos de primer nivel la diferencia es aún mayor con apenas 19,7% de mujeres en posiciones de liderazgo. En posiciones de segundo nivel la brecha salarial es de 32% a favor de los hombres. Estos números realmente no sorprenden, son el reflejo de una cultura machista con que convivimos a diario, que toleramos e incluso celebramos. Es definitivamente un tema cultural y social que data de generaciones que requiere toma de conciencia y voluntad de cambio.

Porque la equidad no es prevaleciente en nuestra sociedad y mucho menos en las empresas se requieren directivas (¡y en especial directivos!) que le den la importancia e implementen estrategias para incrementar la diversidad y tolerancia de género. El mismo indicador muestra apenas que 46% de las empresas encuestadas tienen políticas de diversidad, es decir que 54% de empresas no considera la diversidad como punto eje de su estrategia a futuro. No podemos vivir en una sociedad donde ser líder y ser mujer sean dos palabras antónimas.

Las mujeres tenemos cualidades invaluables que nos convierten en grandes líderes, líderes capaces, visionarias y poderosas sin dejar de lado lo femenino sino por el contrario capitalizando en ello para fortalecer la organización. No se trata de erradicar a los hombres de los cargos de liderazgo, sino de tener mejores líderes, sean hombres o mujeres, pero ¡con inteligencia emocional!

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