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Las dos caras de Joni Mitchell

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María Esteve

La comunicación, como afirma mi socio Adolfo Corujo en su libro Comusicación, comúnmente la entendemos como la transmisión de información de una persona a otra, pero nos cuesta percibir que este ejercicio implica, además, el establecimiento de una relación basada en la confianza.

Leyendo sus líneas, me llamó la atención como interpreta el concepto relación y esboza el papel de las mujeres, pues refleja la forma en la que por años hemos sido percibidas desde un punto de vista secundario, vinculado a una connotación funcional.

Aunque esta idea me inquieta, irremediablemente pienso en el ejemplo de mujeres que han revolucionado el mundo basadas en un liderazgo genuinamente femenino, en las que han logrado establecer relaciones de valor que las han llevado a crear historia y ser historia, en las que han tenido que aprender a capitalizar los obstáculos que implica el género en función de sus objetivos, en las que han impulsado reflexiones sobre la importancia de la diversidad.

Llego a múltiples nombres, sectores, historias e incluso anécdotas propias, pero me quedo con una persona en particular, Joni Mitchell, la cantante, compositora, pintora y escultora canadiense.

Sí, la música de los músicos, que se atrevió a romper los límites de la canción, que no cedió un milímetro de su feminidad en su camino a ser reconocida como una de las figuras más importantes e influyentes del sector, artista que, entre otras cosas, está lanzando un libro con poesía y pinturas de la época de “Blue”, el número 30 entre los mejores discos de la historia según Rolling Stone.

La vida y trayectoria de Mitchell son un ejemplo de tenacidad y liderazgo, ella es reflejo de como uno de los grandes componentes de la comunicación, las relaciones, pueden jugar a favor o en contra de nuestros propósitos.

La historia de Joni Mitchell ha sido contada por fases, todas ellas caracterizadas por su relación con algún hombre, con un matiz que haría pensar que su éxito estuvo íntimamente ligado a esto, situación que no difiere de la de muchas otras mujeres.

Validar esas teorías, es desconocer el talento, carácter y esfuerzo que ha puesto a lo largo de su vida por interactuar constantemente con los demás y por construir relaciones de confianza que le permitieran evidenciar su diferencial y consolidar su credibilidad.

Mitchell se convirtió en la protagonista de su propia historia porque logró, por medio de un estilo de liderazgo único, conectar su propósito, su legado, su propuesta y sus historias, creó relaciones sólidas, profesionales y de mutuo respeto con sus colegas.

Y no fue lo único que consiguió, Joni Mitchell y su particular forma de ser, se anticiparon a las bases de la revolución comunicativa que estamos viviendo por estos días, pues entendió que no solo se debe partir de lo que se quiere o se necesita, sino de entender y considerar las expectativas que otros tienen sobre nosotros y capitalizarlas.

Sea esta una oportunidad para exaltar el papel de liderazgo que ejercemos las mujeres, de valorar las relaciones que tejemos y de entender la importancia de la diversidad.

Como última reflexión, comparto una frase más del libro: “sinceridad, en esto se basa el éxito de cualquier relación que aspire a sobrevivir”, aplica para personas, líderes, empresarios y empresas.

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