Analistas

Semana Santa sostenible

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Esta Semana Santa movilizará más de dos millones de pasajeros por las principales terminales terrestres del país, un millón por los aeropuertos y nueve millones de vehículos por los peajes de las vías nacionales, según cálculos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo que prevé un crecimiento de 9,8% en el número de viajeros domésticos y 10% de internacionales.

El turismo crece y tiene un potencial muy grande, pero los destinos adolecen de capacidad real para soportar la llegada masiva de visitantes, no solo por el gran rezago que tenemos en infraestructura, sino por la falta de cultura de servicio, de experiencia, productos adecuados, personal capacitado, seguridad y el exceso de informalidad.

Esta es una época importante para el turismo en el país, para lucirnos, para invitar al turista a regresar, para que los operadores se consoliden y toda la cadena de proveedores en el sector tengan posibilidades de mejora. Y también es el momento de hacer cumplir las normas y ejercer autoridad.

Es importante que seamos veedores. Los ciudadanos siendo buenos turistas, y lo que esto implica, y la autoridad ejerciéndola. Un llamado a unirnos a preservar nuestro país, visitándolo con actitud responsable, de turistas sostenibles, con el liderazgo de los operadores y el respaldo de la dirigencia y comunidades locales. Y evitar ventajosos con la bonanza para no quedarnos sin el pan y sin el queso.

Los interesados en la industria del turismo solemos pasear por los destinos de Colombia con lupa en mano, por lo que encontramos con frecuencia esos detalles de lo que no debe ser y reflexionamos sobre lo urgente, la importancia de crear una cultura de servicio y una conciencia colectiva.

Estuve la Semana Santa del año pasado en la zona del Golfo de Morrosquillo que, como muchos otros lugares, comienza a padecer el éxito del turismo. En San Bernardo, por ejemplo, me llamó la atención la proliferación de fiestas en casas flotantes, una cantidad desproporcionada de embarcaciones rudimentarias que transportan decenas de personas, incluso niños, con medidas de seguridad muy básicas. Un bar en medio de un manglar devastado ponía a retumbar música electrónica desde las seis de la tarde y según algunos lugareños es un espacio para drogas.

Desde esta columna he llamado varias veces la atención para que toda la industria reflexione sobre el turismo que queremos, pues muchos lugares no tienen siquiera los servicios públicos mínimos para tanta gente, como sucede en las playas del Magdalena, o en Palomino, y en La Guajira.

Urge fortalecer las brigadas por la formalización, que se cumplan las normas de movilidad, el control en la venta de alimentos y en la operación de sitios nocturnos. Hay cierta tendencia a la permisividad. No basta con el esfuerzo y la buena voluntad de la Policía y el Gobierno. Se necesita de todos los colombianos.

El turismo genera sostenibilidad y la sostenibilidad genera turismo, solo el equilibrio entre los dos dará frutos para un país como Colombia que tiene el privilegio de la diversidad. Esperamos que en esta temporada las autoridades no estén en vacaciones, que las personas encargadas de velar por la seguridad y el bienestar de los turistas trabajen mucho y contribuyan a mantener el control y a que todos tengamos días santos y pascua en paz y tranquilidad.

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