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Daños colaterales

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Comienzan a percibirse los efectos domésticos del tire y afloje arancelario entre las grandes potencias. Las tácticas en la antesala de lo que podrá derivarse en una guerra comercial han sido hasta ahora de carácter persuasivo y de impacto calculado, pero cada semana el optimismo se va diluyendo, se reducen las expectativas de crecimiento, se resienten las bolsas de valores, se desordena el control de precios y aumentan las posibilidades de una competencia indiscriminada.

La actual situación atenta contra décadas de libre comercio, mina la confianza de los mercados, perturba las cadenas internacionales de suministro y desacelera la difusión de nuevas tecnologías, con la consecuente reducción de la productividad y la inversión a escala mundial.

En medio de la incertidumbre, se conoció el repunte de la economía estadounidense, que alcanzó 4,1% en el primer trimestre de 2018, la cifra más alta desde 2014 y por la cual el presidente Donald Trump pasó factura a sus críticos aduciendo que es el resultado de sus políticas y que será una tendencia y no algo fortuito.

Pese a ello y al anuncio de que se redujo de manera importante la tensión entre EE.UU. y la UE, algunos analistas mantienen el escepticismo y otros se muestran más cautos a la espera de los números de los siguientes trimestres.
Por otra parte, el Gobierno de EE.UU. anunció que destinará hasta US$12.000 millones en ayuda a los agricultores, lo que significa que los efectos comienzan a sentirse adentro y que a corto plazo una agricultura subvencionada nos afectará a todos. Y es que ya las retaliaciones, como el caso de Canadá, tienen un mensaje claro: toda acción tendrá su reacción.

Se menciona que en los estados de mayor producción agropecuaria se pierden empleos y miles de millones de dólares en exportaciones. En las últimas semanas no se reportaron ventas de carne de cerdo a China (y México impuso un arancel del 20%), en cambio se ha batido récord en almacenamiento de carne de res, cerdo y aves de corral. Este asunto preocupa a los empresarios colombianos, así como los excedentes de otros productos que se están acumulando.

Los chinos también reaccionaron con medidas internas y buscan mercados para componentes eléctricos, textiles, objetos de metal, autopartes, alimentos, confecciones, calzado, aseo y maquillaje, e incluso agroindustriales como ajo, naranjas y cerezas, entre otros.

En Colombia, en este momento, los sectores que podrían sacar provecho a la guerra de aranceles son el de materiales y partes de construcción, que el año pasado exportaron cerca de US$130 millones a EE.UU. También las máquinas para metal y las de diversos usos, que el año pasado aumentaron casi 900%.
De los 731 productos (a seis dígitos del sistema armonizado) a los que EE.UU.
impuso un arancel del 25% a China, Colombia exportó al mundo 691 productos (94%), los cuales representaron 9,6% en el periodo acumulado del 2010-2017. Y de estas 21% fueron a EE.UU.

Los empresarios colombianos deben prepararse lo antes posible y pensando a largo plazo. Y esto incluye una estrategia en Washington que permita mostrar la complementariedad de nuestros productos y reforzar desde el ámbito privado el interés de mantener fuertes lazos comerciales entre ambas naciones. Al nuevo Gobierno le corresponde mantenerse alerta, tomar medidas preventivas y reforzar la política de desarrollo productivo para darle dinamismo a la economía.

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