Analistas

¿US$54.000 millones de reservas internacionales?

A finales de 2003, en medio de afanes fiscales, el presidente Uribe impulsó la idea de utilizar el exceso de reservas internacionales del Banco de la República para pagar deuda externa. La prensa de la época reportaba que “Uribe enfatizó que los colombianos están muy pobres, necesitan inversión social (…) a lo cual debe ayudar el Banco de la República con un buen uso de las reservas”. La petición presidencial generó gran debate. A algunos les parecía estupenda la idea; otros apuntaban que eso equivalía a solicitar que el Banco Central financiara directamente al Gobierno y recordaban que esos vínculos fueron los que causaron desastres inflacionarios en América Latina; un tercer grupo señaló que esos lazos fueron justamente los que la Constitución del 91 cortó y que abrir ese debate ponía en riesgo la independencia del Banco; otros argumentaban que no había tal exceso de reservas.

Al final, el debate se saldó con malas caras de ambas partes. El Banco, que contaba con cerca de US$10.500 millones de reservas, publicó un documento en el que estimaba que si había un exceso de estas no sería mayor a US$500 millones. Esa fue finalmente la cifra que fue a parar al destino propuesto por Uribe.

Ahora, menos de una década después del debate descrito, las reservas vuelven a estar en boca del Gobierno y del Banco. Paradójicamente, a pesar de que contamos con más del triple de reservas que en 2003, el Gobierno no habla de exceso de reservas.

Según un documento producido por el Ministerio de Hacienda, estamos cortos, muy cortos en esa categoría; a los US$34.000 millones en reservas que tenemos debíamos agregarle cerca de US$13.000 millones adicionales dice el estudio de marras. El trasfondo del debate, a diferencia del de hace una década, no es un afán fiscal sino justificar más vigor en la compra de dólares por parte del Emisor con la esperanza de debilitar el peso.   

Pero si bien para el Gobierno la motivación no es fiscal si tiene consecuencias fiscales. En el proyecto de presupuesto para 2013, el Gobierno deberá desembolsar $433.000 millones para cubrir las pérdidas proyectadas del Banco de la República para ese periodo.

Dichas pérdidas son en buena parte la consecuencia de invertir en un activo que rinde poco y que se desvaloriza frente al peso: el dólar. De hecho, en días recientes el Gerente del Banco afirmó que por cada US$100 millones  que compran, incurren en pérdidas por $9.000 millones. Es decir, que los US$13.000 millones que según el estudio deberíamos agregar a nuestro colchón, generarían pérdidas por más de $1billón. ¿Estamos dispuestos a pagar ese costo?

Y en medio de estas discusiones, se acaba de publicar un estudio de los economistas Clavo, Izquierdo y Loo-Kung que estima el nivel de reservas óptimo para un grupo amplio de países, si el objetivo del mismo fuera protegerse frente a crisis de capitales como la que vivió Colombia al final del siglo pasado.

Si bien el propósito del estudio no es proponer el monto exacto de reservas que debería tener un país, lo cierto es que las tendencias que salen de la investigación le dan la razón al Gobierno. Colombia podría estar corta de colchón.

Quedan varias preguntas en el aire. ¿Está el gobierno dispuesto a pagar la factura fiscal para volver más mullidas las reservas internacionales? ¿Tiene el Banco espacio para llevar a cabo una compra de este estilo siendo que esta equivale a casi al 50% de la base monetaria actual? Y una para ambos y el Congreso: ¿no será hora de pensar seriamente en darle al Banco la facultad de crear un fondo soberano cuya estrategia de inversión no se rija por los estándares conservadores con los cuales manejan las reservas los Bancos Centrales?

La idea sería que las reservas que excedan un nivel predeterminado puedan invertirse sin temores en el exterior en destinos más rentables-pero también más riesgosos-que los bonos del tesoro de Estados Unidos.