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Riesgos y oportunidades

Las tasas de interés en varios países de Europa, Estados Unidos y Japón están en niveles cercanos a cero o en terreno negativo, señalando que los inversionistas están dispuestos a pagar en lugar de ser compensados por tener activos financieros de bajo riesgo. Las tasas de interés reales esperadas para dentro de una década en esos países son menores que cero. Y en ninguno de los países del G7 las expectativas de los mercados apuntan a que la inflación llegue a 2% en los próximos 10 años. 

Larry Summers, de la Universidad de Harvard, lanzó hace un par de años la idea de que esos síntomas eran reflejo de un estancamiento permanente del mundo desarrollado, atado a un crónico exceso de ahorro con respecto a la inversión. Si la teoría es cierta, el gran reto global en términos macroeconómicos para la próxima década es encontrar la manera de canalizar esos recursos, ese exceso de ahorro, hacia proyectos de inversión rentables. 

Ese panorama mundial es al que debemos acoplarnos. No debemos esperar que el mundo desarrollado recupere las sendas de crecimiento de antaño ni que nuestras ventas al exterior despeguen con fuerza hacia esos destinos. Pero las aguas se han calmado tras dos años tumultuosos en los que los precios de las materias primas colapsaron y las finanzas públicas de los países que dependen de estos se descuadernaron. Con esas aguas ya más tranquilas y sabiendo quiénes fueron capaces de lidiar con el golpe de manera adecuada, ese exceso de ahorro empezará a mirar al mundo emergente en búsqueda de proyectos de inversión más rentables. Y ahí es donde están las oportunidades y los riesgos para Colombia. 

En el frente de las oportunidades: con un el manejo fiscal prudente en los complejos 24 meses anteriores y con una reforma tributaria inminente, con una mayor certeza de que la tasa de cambio tocó techo y con el efecto mediático de firmar la paz, Colombia tendrá una ventana de oportunidad para atraer recursos e inversión extranjera. Para comenzar, el gobierno podrá (y debería) apalancar una mayor porción de sus necesidades de financiamiento en el exterior liberando así recursos internos. Una apropiada gestión gubernamental también puede usar esa ventana para empujar el financiamiento de los proyectos que requieren inversiones directas del gobierno o de los que usan fondos privados. Y de paso, si lo que el mundo busca son destinos para el exceso de ahorro, hay que trabajar en la siguiente generación de proyectos viales, fluviales, aeroportuarios, energéticos, etc. que puedan ofrecer destinos atractivos para esos recursos. 

Pero como siempre que hay abundancia de recursos externos las oportunidades vienen con señales de precaución. Las lecciones sobre la importancia de no subestimar los descalces cambiarios siguen vigentes; los excesos crediticios siguen siendo la madre de todas las crisis financieras; sigue siendo cierto que es preferible buscar inversión externa de largo plazo que aquella que busca rentabilidades rápidas y luego huye. Y hay que estar atento porque en un mundo con tasas de interés en terrenos negativos, habrá innovaciones financieras que las agencias regulatorias deberán seguir con cuidado. 

Pd: La línea de crédito flexible con el FMI se amplió a US$11.500 millones. Hemos dejado tan claro que es solo para una emergencia que el día en que queramos usarla mandaremos la señal de que todo va muy mal y nos hundiremos. Es como tener listo un salvavidas aceitado.