Analistas

Llegó la hora

“Para Colombia Trump es una oportunidad” tituló en días pasados el diario El Espectador una entrevista que le hizo a la ministra de Comercio, María Claudia Lacouture. Los dos argumentos que sustentan la afirmación ministerial son simples. De un lado, somos irrelevantes en términos comerciales para Estados Unidos y por tanto no perderán el tiempo bloqueando nuestras ventas a ese destino. De otro lado, las trabas que ha prometido Trump al comercio de Estados Unidos con China y México dejarían un vacío que los productores colombianos podrían llenar. Ergo, Trump es una buena noticia para Colombia.

Pero lo que está en juego no son unos cuantos millones de dólares del comercio de unos pares que los perderán y que nosotros podríamos aprovechar. El desafío que tenemos al frente es mucho más grande y solo puede ser afrontado sobre la base de principios y de la solidaridad entre países. Y no, no es un juego de suma cero.

Está en juego el sistema de libre comercio. Con la amenaza de que a un par nuestro le pondrían trabas al comercio con Estados Unidos incluso la izquierda latinoamericana parece entender que todos perderíamos si las economías apagaran la posibilidad de comprar y vender al resto del mundo. Están también en juego las transacciones financieras trasnacionales. En medio de tanta fertilidad en ideas insensatas, si los impuestos a la circulación de bienes y servicios están sobre la mesa, los impuestos sobre las remesas solo están un paso más allá. A México van a parar US$25.000 millones en remesas desde Estados Unidos cada año; a Colombia US$2.500 millones, lo mismo que exportamos en café. No se trata entonces de ver si quedan migajas de la debacle mexicana sino de armar un frente común con los países de América Latina e incluso con China que ahonde nuestros lazos y haga contrapeso a los disparates del norte. 

Está en juego la posibilidad de huir de las guerras y migrar a otros países en busca de sueños y mejores vidas para muchos ciudadanos. En el tema de migración internacional podemos mirar indignados cómo Estados Unidos le cierra las puertas a millones de ciudadanos musulmanes y cómo planea construir un muro de miles de kilómetros en la frontera con México. O podemos acordarnos de que en ese frente somos uno de los países más cerrados del mundo y que compartimos frontera con un país en el que muchos ciudadanos estarían encantados de tener un vecino más solidario y abierto a la migración.

Está en juego la posibilidad de que la prensa libre pueda hacer su trabajo en la democracia más grande del mundo sin que la institucionalidad presidencial la matonee si el mensaje no es halagador. En Colombia, donde la libertad de prensa ha costado la vida de muchos, deberíamos saber el valor de defenderla. 

Y está en juego la estabilidad geopolítica. Algunos analistas temen que la oscura relación de Trump con Rusia y su aversión a la Otan podrían abrir la puerta a una invasión rusa a los países bálticos. Otros especulan que si Trump presiona a China como lo ha hecho con México, los chinos abandonarían la tarea de contener a Corea del Norte y su arsenal nuclear. 

El actuar errático y xenófobo de Trump es una oportunidad para nuestro comercio tanto como lo eran para las inmobiliarias las viviendas que abandonaban los judíos durante el holocausto. Llegó la hora de que nuestros líderes dejen de pensar en esas viviendas como una oportunidad de negocios y de creer que por nosotros no vendrán. Llegó la hora.