Analistas

El momento Volcker

A finales de los años setenta Paul Volcker llegó a la presidencia de la Fed, el Banco Central de Estados Unidos. La inflación cabalgaba firmemente por encima de 10% y las estrategias gradualistas que habían usado para controlarla habían fracasado: los pequeños cambios en la tasa de interés habían resultado ineficaces para bajar la inflación y anclar las expectativas inflacionarias del mercado. En los meses previos a lo que conocemos como el momento Volcker, la tasa de interés si bien subía lo hacía a la estela de la inflación y en términos reales permanecía en terreno negativo.

Volcker cambió el chip del Banco y trazó un plan anclado a tres pilares: atajar el crecimiento de los medios de pago a través de metas explícitas, permitir así incrementos sustanciales en la tasa de interés y convencer a los mercados financieros de la eficacia del plan. La tasa de interés subió en pocos meses de 11% a 18%. La inflación empezó a declinar y tres años más tarde se acercaba a 3%. A partir de ese momento vendría un cuarto de siglo de lo que la historiografía ha llamado la gran moderación, un periodo de inflación y desempleo bajos y estables. Pero bajar la inflación rara vez es un camino de rosas y en el sendero trazado por Volcker hubo dolor, y mucho: las altas tasas de interés fabricadas para aplacar la inflación y sus expectativas duplicaron temporalmente la tasa de desempleo que alcanzó un pico que sigue siendo el récord de los últimos setenta años. 

El dilema que enfrentó Volcker al llegar a la presidencia de la Fed se parece al que enfrenta hoy en día nuestro Banco Central. La inflación cabalga muy lejos de la zona que el Banco definió como su objetivo de largo plazo y los mercados no parecen creer que eso vaya a cambiar. Al igual que antes de que llegara Volcker a la Fed, el Banrep ha venido subiendo tasas pero lo hecho a la estela de la inflación. Los últimos datos indican que la inflación llegó a 8,6% y la tasa de intervención está un punto por debajo de ésta: seguimos con tasas reales negativas. Tras dos años de incrementos en la tasa de interés, la inflación se ha trepado dos puntos más que el instrumento del Banrep. 

Estamos a pocos meses de que termine el mandato de Uribe, el gerente del Banrep. Con un horizonte tan corto al frente, Uribe no tiene espacio para un momento Volcker a la colombiana. Pero a final de año, estrenando gerente, con el panorama tributario despejado y con mayor claridad respecto al déficit externo, habrá llegado el momento de decidir si de verdad queremos dispararle a la inflación. Abatirla es posible pero, en ausencia de expectativas de inflación ancladas, el desempleo se interpone entre la artillería monetaria y el blanco de la inflación. La nueva dirección del Banco tendrá que calibrar los beneficios y costos de esa batalla. 

Bajar la inflación no será un cuento de hadas en el que le Banco aprieta las tuercas y la inflación y las expectativas de ésta vuelven dócilmente al redil sin que haya daños colaterales. Deberá entonces recordar el nuevo gerente que el Banco no solo está a cargo de bajar la inflación: la sentencia de la Corte Constitucional del año 99 establece que “la actividad del Banco para mantener la capacidad adquisitiva de la moneda debe ejercerse en coordinación con la política económica general, lo cual implica que la Junta no puede ser indiferente a los otros objetivos de desarrollo económico y social previstos por la Carta”.