Analistas

Calificadoras y candidatos

Pastrana y Uribe harían bien en no volver la reducción en la nota de S&P un tema de campaña

Lehman Brothers, un gigante financiero de Estados Unidos, se quebró en septiembre de 2008 desatando la peor crisis financiera en el mundo desarrollado en casi un siglo. Antes de la quiebra de Lehman Brothers, Standard & Poor’s mantenía la calificación de riesgo de dicha compañía en A, es decir, en su opinión Lehman tenía buena capacidad para cumplir con sus obligaciones financieras. Las otras grandes calificadoras de riesgo compartían esa opinión. La anécdota es relevante a la luz del gran ruido que causó la semana pasada la reducción en la calificación de riesgo de Colombia por parte de Standard & Poor’s: el primer mensaje de esta columna es que la opinión de las calificadoras es bastante menos importante y su análisis menos certero de lo que muchos creen.

El segundo mensaje es que en ese tema el actual gobierno fue víctima de su propio éxito. Entre 2013 y la semana pasada, la deuda colombiana tuvo la calificación de S&P más alta del último cuarto de siglo. Puesta en perspectiva, la reducción en la nota dejó la calificación en el nivel que tenía entre 2011 y 2013 y de ahí para atrás hay que remontarse a los años 90 para ver notas tan altas. Los bombos y platillos que el propio gobierno patrocinó cuando nos subieron la nota a niveles nunca antes vistos se devolvieron como un búmeran.

El tercer mensaje es que los candidatos a la Presidencia por la coalición de los expresidentes Pastrana y Uribe harían bien en no volver la reducción en la nota de S&P un tema de campaña. Pastrana lidió con la peor crisis económica de la segunda mitad del siglo XX en Colombia y entregó la posta con una calificación en S&P dos escalones por debajo del grado de inversión, es decir, los títulos colombianos tenían grado especulativo. Uribe necesitó cinco años para subir un escalón y no le alcanzaron los ocho años de gobierno para lograr el grado de inversión. Nunca, durante sus ocho años de gobierno, alcanzó Colombia la calificación que tenemos después de la reducción de la semana pasada.

El cuarto mensaje es que la coyuntura financiera internacional es una en la que gobiernos como el colombiano tienen la posibilidad de financiar sus faltantes en el exterior a muy bajas tasas de interés. Como le dijo hace unos meses Carmen Reinhart de la Universidad de Harvard al Ministro de Hacienda en un conversatorio en la Universidad de los Andes, “el mercado no nos va a disciplinar”. La disciplina fiscal tiene que venir del gobierno de turno y del balance que haga entre las necesidades de corto plazo y las consecuencias futuras de las obligaciones que adquiera. Pero estamos muy lejos de ver implicaciones negativas relevantes en las tasas de interés que pagamos por la deuda pública por culpa de la situación fiscal.

Y el último mensaje: los candidatos presidenciales que están más a la derecha del espectro político y los de más a la izquierda coinciden en una propuesta: reducir los impuestos. Mala idea: no porque lo diga una calificadora (lo dirá), no porque el mercado nos lo cobre (no lo hará), no porque vaya en contra de la regla fiscal (que le da aura científica a una decisión que debiera ser política), sino porque el problema más transversal del Estado colombiano es su debilidad. Recortarle su financiamiento ahondará su anemia y exacerbará cada una de sus falencias.