Analistas

Un análisis no mediático del caso Reficar

El caso Reficar ha sido objeto de indignación en los medios de comunicación y opiniones cargadas de tufillo político. El informe de la Contraloría de 2016 y las advertencias populistas del contralor Maya sobre la probable fuga del principal contratista Chicago Bridge & Iron, encargado de la construcción en la ampliación de la refinería y de la probable destrucción de evidencia documental, demuestra la falta de rigor y oportunidad con que se ha abordado el tema.

Inicialmente no se entiende porqué la Nación termina invirtiendo en una refinería que en la mayoría de los países son desarrolladas por iniciativa privada. Si bien Reficar protege a Colombia contra el riesgo de desabastecimiento de combustibles al tener dos refinerías, no hay ninguna razón para que terminemos embarcados en una aventura riesgosa en la cual el sector público es poco conocedor. Las negociaciones por medio de las cuales Ecopetrol terminó comprando la participación mayoritaria de Reficar a la Glencore, sin entrar a discutir su conveniencia económica, terminaron poniendo en manos no expertas el desarrollo de un proyecto de alto riesgo.

La segunda duda concierne el costo que se pagó por la refinería. Los indicadores de industria indican el costo de una refinería oscila entre US$10.000 y US$30.000 por barril de petróleo de capacidad, con lo cual construir Reficar desde cero (en realidad solo se amplió) debió estar entre US$1.600 millones y US$5.000 millones. Es así que el costo de ampliar la Refinería de Cartagena está un 60% por encima de construir desde cero la refinería más costosa del mercado. 

Por otro lado, si se tiene en consideración que en Estados Unidos hay 140 refinerías y que solo se construyeron 5 refinerías de muy baja capacidad en los últimos 25 años, todo parece indicar que construir refinerías nuevas no está de moda y no genera retornos financieros aceptables para los inversionistas. La rentabilidad inicial del proyecto para los accionistas estimada en 24%, claramente no estaba respaldada por el apetito del sector privado en este tipo de inversiones a nivel mundial, haciéndola irreal y onírica. Después de los sobrecostos en la construcción que eran de esperarse, la rentabilidad actual estimada en la informe de la Contraloría no pasa de 4,35%, la cual es menor al costo soberano de endeudamiento de largo plazo de Colombia que con todo y grado de inversión, está en 4,5%. En resumen, desde la estructuración inicial del proyecto había señales fuertes de que el proyecto Reficar sería el proyecto desastroso para las finanzas de la Nación en que se convirtió.  

Pero lo más preocupante es la falta de control y transparencia en el desarrollo del proyecto. A partir de mayo 2012, cuando ya se había realizado el 93% de la ingeniería del proyecto y se estimaban los costos de ingeniería, compras y construcción (EPC) en US$3.700 millones y aun podían tomarse medidas para evitar la debacle, los costos se incrementaron 60%, dejando claro que los sobrecostos se generaron al contratar las labores de construcción por encima del presupuesto. Con un avance de obra de 22% (14% del costo final), ¿no había suficiente información para echar para atrás el proyecto? ¿Dónde estaban el gerente y la junta directiva de Reficar, los interventores, Ecopetrol y la Contraloría a quienes se les pasó el detallito? Es muy fácil rasgarse las vestiduras ahora que se perdió la platica, pero los responsables han debido informar y actuar hace más de tres años.