Analistas

Salgamos de la mala

En el reciente Congreso anual de Camacol en el cual se festejaron sus 60 años, Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001, presentó su visión sobre las macro tendencias que influenciarán el desarrollo de la actividad empresarial en los próximos años a nivel mundial. Entre las tendencias que enfatizó el connotado profesor se destaca la transición del aparato productivo de los países desarrollados, de un foco de producir bienes, hacia uno de prestar servicios.

La transición hacia producir servicios tiene diferentes causas. Primero, la producción de bienes requiere de mano de obra menos calificada que la prestación de servicios. En las últimas décadas, la producción de bienes, que se realizaba en Europa y Estados Unidos, empezó por migrar a Japón y se trasladó recientemente a China, donde el bajo costo del personal hizo muy competitivos en los mercados mundiales los productos originarios de ese país. Segundo, la globalización de la economía, impulsada por las compañías multinacionales y apoyada decididamente por los gobiernos de los países desarrollados, derrumbó las barreras proteccionistas permitiendo que las plantas de producción pudieran desplazarse a otras latitudes para atender sus mercados locales. Esto lógicamente no puede suceder con los servicios que requieren presencia local. Por último, en la medida que la tecnología ha evolucionado incrementando la eficiencia de las actividades productivas, el componente de servicios ha tomado mayor importancia en el desarrollo de la economía.

La migración de la producción de bienes a países menos desarrollados ha tenido consecuencias profundas en las economías del mal calificado primer mundo. En los últimos 60 años, según Stiglitz, el salario real de los trabajadores de la base en Estados Unidos no ha crecido, mientras que gran parte del incremento de la bolsa de Nueva York está explicada por el auge de solo una decena de compañías. De ahí que líderes que están fuera del establecimiento como Donald Trump hayan tenido eco en la opinión pública con tesis que van en contra de la globalización, al punto de impulsarlo a la presidencia del país más poderoso del mundo. Independientemente de que la política de Trump haya herido la globalización por siempre abriendo las puertas al proteccionismo, la producción de bienes seguirá agregando cada vez menos valor y buscando en el mundo los menores costos de mano de obra, seguramente en África.

Dada la experiencia de los países desarrollados donde la producción de bienes partió la sociedad en dos, creando inestabilidad social por medio de la desigualdad, conviene revisar la estrategia que debe aplicar Colombia para implementar su modelo de desarrollo. El apoyo decidido del gobierno, como coordinador de esfuerzos de la sociedad civil, a la creación de una economía basada en servicios, es inaplazable. Debemos concentrarnos en la capacitación de la fuerza laboral, la creación de incentivos para la transferencia de conocimiento desde el exterior y el soporte presupuestal a las labores de investigación y desarrollo y, hacer que la política de desarrollo deje de mirar exclusivamente a sectores no generadores de empleo como la explotación minera y la actividad manufacturera. Solo con una apuesta como esta mejorarán el bienestar y las oportunidades para los colombianos de las próximas generaciones.