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Pinker y la paz

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Steven Pinker es un psicólogo defensor de la teoría evolucionista a quien se le reconocen avances significativos sobre cómo los niños adquieren el lenguaje por medio del  instinto. Este profesor de Harvard, reconocido con varios premios a su trabajo científico, estuvo en el Hay Festival hablando de su trabajo y su visión del mundo ante un escenario atiborrado de intelectuales ansiosos por escucharlo.

En su charla Pinker argumentó a favor del modelo evolutivo de la humanidad basándolo en la crítica de la visión del buen salvaje de Rousseau. Según Rousseau el ser humano al nacer es un canvas en blanco sobre el cual la experiencia de la vida va pintando los diferentes trazos de su personalidad, corrompiendo poco a poco su naturaleza pura. Para Pinker el ser humano nace con trazos de bondad y de maldad, herencia del proceso evolutivo de la raza humana que a medida que pasa el tiempo ha tomado una posición moral cada vez más sólida.

La posición moral humana a la que se refiere Pinker no es una posición elaborada ni una posición religiosa. Está basada en conceptos compartidos por todos los humanos como que es mejor vivir que morir, comer que tener hambre, ser libre que no ser libre, muchos de los cuales se reflejan en la carta de los derechos humanos de la Revolución Francesa.

Un aparte muy interesante de la charla de Pinker tuvo que ver con su visión de los grandes entuertos morales de la humanidad, como la barbarie de las cruzadas y el holocausto de la Alemania Nazi. Argumentó que en la mayoría de los casos los grandes fallos de la humanidad provienen de una alteración artificial de los principios morales que termina tomando fuerza propia por encima de los principios morales originales compartidos por la humanidad.

Destaca Pinker que el factor común en estos eventos es la venta de un nirvana a la sociedad, una tierra prometida en la que todos viviremos mejor y todo será color rosa. En el caso de las cruzadas de la Edad Media el nirvana de la vida eterna y en el del holocausto, la visión de Nietsche del superhombre que permite superar el nihilismo, fueron utilizados para justificar violaciones crasas de los derechos de minorías sociales en el nombre de una moral acomodada en el que cualquiera que se opone al sueño pasa a ser un paria social que merece ser castigado. 

Esta situación, tan común a través de los tiempos, se ha repetido recientemente en una Venezuela en el que un gobierno anclado al poder justifica ataques criminales a sus opositores porque impiden llevar a buen destino el modelo socialista en el que todos los venezolanos tienen acceso a una vida digna. Habrase visto semejante despropósito en un país en el que la realidad del desabastecimiento alimentario y la represión aterrizan de manera cruel lo lejos que está el pueblo de Venezuela de lograr su objetivo como las aspas del molino lo hicieron con Don Quijote.

En Colombia todos creemos en un modelo de paz y de convivencia alejado de la violencia. Ni más faltaba. Pero este sueño de tener un país en paz no puede manipularse mezquinamente para catalogar sectores de la sociedad que por su credo, convicción política, raza o condición social tienen una visión distinta de la paz. Si de verdad queremos una paz duradera no podemos seguir acorralando desde el poder a aquellos que de acuerdo con sus convicciones, de izquierda, de derecha, de arriba, de abajo, de adelante o de atrás, disienten del proceso, a riesgo de caer en los errores que acertadamente destaca Pinker.
 

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