Analistas

La imagen de la justicia

Seis meses después de asumir su primer mandato el presidente Juan Manuel Santos, y hasta el día de hoy, la situación del país, de acuerdo con las encuestas de Gallup, no ha hecho más que empeorar. A principios del 2010, el 46% de las personas consideraba que la corrupción estaba empeorando en el país. Hoy el 85% piensa lo mismo. 

La Corte Constitucional y la Corte Suprema, máximos órganos de la justicia, después de 14 años de tener una imagen positiva de la mayoría de colombianos, han tenido una imagen negativa desde que una de ellas apoyó la suplantación de la constitución por el “mejor acuerdo de paz posible” y la segunda se especializó en fallos políticos. Las ‘’ías”, la Procuraduría, la Fiscalía y la Contraloría, que históricamente llevaban niveles de aprobación cercanos al 70% hoy tienen imagen negativa en la mayoría de los colombianos. 

Sin embargo, una de las imágenes más preocupantes es la del sistema judicial colombiano, donde un 82% de los colombianos considera que anda mal, muy mal. Durante el mandato de Álvaro Uribe, las imágenes positiva y negativa de la justicia estuvieron balanceadas, por lo que la pregunta obvia apunta a descubrir qué hizo que en los últimos seis años la imagen de uno de los pilares necesarios para vivir en sociedad se haya derrumbado tan catastróficamente.

La primera y más obvia hipótesis es la ineficiencia en la aplicación de la justicia, que puede estar fundamentada en un marco legal deficiente o falta de financiación de la misma. De acuerdo con la Contraloría, el crecimiento promedio del presupuesto de la Rama desde 2010 ha sido del 13%, por encima de la senda del crecimiento presupuestal del 8% del de la educación y del 11% del de la salud. Añade que entre 2010 y 2015, el presupuesto de la justicia casi se duplicó, pasando de $1,8 billones a $3,3 billones en gran parte por el incremento en gastos de personal. Gracias al incremento en el presupuesto de la justicia, que pasó de 0,34% al 0,4% del PIB en el mismo período, y la implantación de la justicia oral, el inventario de procesos no resueltos de la justicia disminuyó de 2.650.000 a 1.630.000 de 2010 a 2015. Por lo tanto, los jueces de la justicia ordinaria que tanto son criticados no pueden ser los causantes de la mala imagen de la justicia, y más bien se parecen a superhéroes que evacuan alrededor de dos procesos diarios.

Claramente, la capacidad de la justicia de evacuar procesos ha mejorado, por lo que la causa por la cual los colombianos la calificamos tan mal debe estar en otro lado, en la calidad de sus fallos y en su vulnerabilidad a la corrupción. Y es que la honestidad de los jueces de la justicia ordinaria no ha cambiado, sino que ha aumentado la presión a alto nivel que se ha puesto en ella.

Los colombianos vemos en la justicia una rama acorralada por las demás ramas del poder, y en consecuencia vulnerable al poder económico, sobre todo en los fallos de alta visibilidad pública. Ante la arremetida del ejecutivo y las presiones del legislativo, soportadas en el control de la rama judicial por medio del control del presupuesto de la rama, su independencia se ha visto comprometida.

La razón por la cual la justicia tiene tan mala imagen no es por su desempeño para la gente del común, sino por la contaminación por parte de las demás ramas del poder político y por el poder económico, en los procesos de mayor visibilidad e importancia del país. Son problemas de cuello blanco y no de overol azul.