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ETB o no ETB

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El alcalde Peñalosa tiene claro las obras que debe realizar para modernizar una Bogotá atrasada por 12 años de gobiernos de izquierda. Para financiar las obras cuenta con un presupuesto de $17 billones anuales, menos los entuertos que le deja Gustavo Petro con los déficits del SITP, Transmilenio, las EPS y Aguas Capital que pueden sumar de $3 billones a $4 billones. Por lo tanto, dentro de su afán por modernizar la ciudad el alcalde necesita nuevas fuentes de capital. 

Una de las fuentes de fondos que ha sido mencionada por el alcalde y ha suscitado todo tipo de opiniones es la enajenación de la ETB, empresa que ha sufrido en el pasado más de tres intentos infructuosos de venta.

Los argumentos para la enajenación de la ETB son contundentes. La empresa ha venido perdiendo valor en el tiempo, en la medida que sus márgenes Ebitda (indicador de la caja que genera la compañía en sus operaciones) han venido cayendo significativamente (del 35% al 26% en el último año), impulsados por el abandono de los clientes de su principal generador de caja, la voz fija. Las malas noticias son que, mientras el sector de las telecomunicaciones en Colombia sólo genera alrededor del 13% de sus ingresos con la voz fija, ETB aún genera 35% de los suyos con este producto, haciendo que el deterioro de su valor esté lejos de haber terminado. 

Existen además razones estratégicas de peso para pensar que el futuro de la ETB en manos del distrito no es brillante. No obstante, los esfuerzos de la administración Kattan por modernizar la empresa, la ETB tiene desventajas significativas a nivel de escala. Mientras sus competidores Claro y Movistar cuentan con más de 350 millones de clientes en el mundo la ETB cuenta con 5 millones representados en 1,2 millones de hogares. Con esta diferencia de escala la ETB no cuenta con las mismas condiciones de proveedores de equipos y servicios que sus competidores, lo cual la pone en franca desventaja. 

Que la ETB solo cuente con una red de telecomunicaciones en Bogotá se materializa en otra desventaja competitiva, exponiéndola a dificultades no menores para defenderse de las estrategias comerciales de sus competidores en la ciudad. Los competidores fuertes en otras plazas ofrecen en Bogotá tarifas agresivas sin que la ETB pueda ripostar comercialmente en sus mercados de origen.

Por último, el esfuerzo para construir un portafolio de productos nuevos por medio del despliegue de fibra óptica, la venta de productos de televisión y la incursión en productos móviles se ha visto reflejada en una imagen positiva de la compañía, no acompañada de mejoras en el desempeño financiero. A pesar de que sus utilidades no han respondido a las inversiones, la ETB ha venido quemando caja sistemáticamente. Su disponible de efectivo cayó de $1,3 billones a $700.000 millones en el último año, al tiempo que mantiene su endeudamiento alrededor de $500.000 millones.

A pesar de estas desventajas estratégicas la ETB es muy atractiva para sus competidores por su red física en Bogotá. Si bien la valoración de la empresa debe estar alrededor de $2,2 billones (su valor actual en bolsa es de $1,9 billones) su verdadero valor está en las sinergias que genera a sus posibles compradores, que deberían estar dispuestos a subir la oferta de acuerdo con su situación particular. Por esta razón, independientemente de las posturas ideológicas que expongan los detractores, un análisis sensato inclina la balanza hacia una enajenación a un socio de talla mundial.

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