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El bendito equilibrio informativo

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Una práctica común entre periodistas consiste en mantener el equilibrio informativo en las notas que publican. Bajo este precepto, cada vez que cubren una noticia, buscan recoger versiones de individuos que tengan una interpretación encontrada de los hechos con el fin de presentar la nota con una posición más imparcial.

El riesgo de esta práctica es que la interpretación de los hechos por parte de los diferentes invitados a comentar no necesariamente es equiparable, ciertos interpretan los hechos con rigor, otros con el fin de imponer puntos de vista, algunos tienen el bagaje para hacer un análisis profundo mientras que otros, dado su limitado conocimiento, solamente emiten sonidos. 

Como alto ejecutivo en el sector de las telecomunicaciones me tocó enfrentar situaciones en las que opiniones emitidas con craso desconocimiento fueron publicadas con el mismo aval que posiciones informadas. Poner a opinar a directivos sindicales sin conocimientos de finanzas sobre la conveniencia de una transacción de banca de inversión o a políticos sobre los daños que pueden generar las antenas celulares en la salud puede reflejar intereses particulares pero nunca le dará acceso al lector una interpretación rigurosa de los hechos.  Este tipo de equilibrio informativo mal aplicado termina sesgando la realidad ante la opinión pública y presentando las noticias como si no fueran noticias sino motivos para esgrimir argumentos en pro o en contra de una causa.

Consideremos noticias relacionadas con los alimentos genéticamente modificados. Recientemente un artículo de Forbes (http://www.forbes.com/sites/jonentine/2014/09/17/the-debate-about-gmo-safety-is-over-thanks-to-a-new-trillion-meal-study/) menciona un estudio científico realizado sobre más de 100.000 millones de animales que concluye que los alimentos genéticamente modificados no tuvieron ningún efecto perverso en su salud. Ante la evidencia presentada y los más de 2.000 estudios adicionales de científicos reconocidos que llegan a la misma conclusión, algunos diarios recogen puntos de vista de opositores que sin rigor científico descalifican los estudios sin fundamentación, minando la importancia de la noticia ante la opinión pública.

El problema es que, a pesar de la evidencia científica de que los alimentos modificados genéticamente son seguros, hoy el debate en la opinión pública sobre su uso continúa gracias al apego incondicional de ciertos periodistas al equilibrio informativo mal aplicado. ¿Cuenta lo mismo la opinión de un científico independiente con posgrado y 25 años de experiencia en investigación que la de un activista recién graduado? ¿Un miembro de un concejo municipal puede opinar con el mismo rigor que una junta directiva sobre la orientación estratégica de una empresa? ¿Un empresario con intereses tiene el mismo derecho a expresar su versión sobre una reforma a la salud que un experto en políticas de salud pública?

La realidad es que la percepción de las noticias está claramente influenciada por la decisión del periodista sobre quién recibe el aval del medio para dar su opinión, en ocasiones una decisión no tomada de modo imparcial. Para mantener un mínimo de imparcialidad los medios deben exigir a sus periodistas que apliquen un verdadero balance informativo enfrentando opiniones que tengan la misma postura – sea esta de opinión o de interpretación de los hechos – y que se emitan con el mismo rigor. El resto raya en amarillismo.

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