Según el estudio ‘Reactivar Colombia, un compromiso de todos”, adelantado por la Universidad del Rosario, y la firma Cifras y Conceptos, cerca de 73% de los trabajadores vieron disminuidos sus ingresos en los últimos meses. A esta debacle financiera, si le sumamos las poco favorables cifras de desempleo -que se ubicó en 20,2% en julio, según el Dane-, obtenemos un panorama en el que no sale bien librada la moral de los colombianos.

Llevamos más de seis meses de pandemia, y los estragos siguen latentes en todos los sectores productivos, pese a los esfuerzos de reactivación económica. Lo peor del caso es que el covid-19 llegó para quedarse un buen rato, ante lo cual se requiere tomar decisiones enfocadas a que las empresas puedan garantizar la estabilidad económica y emocional de los trabajadores.

La incertidumbre que generó el encierro por cuenta de una de las cuarentenas más largas del mundo, y el temor de contraer el virus en cualquier momento, y en cualquier lugar, han provocado incalculables daños en materia de salud mental, y una persona afectada psicológicamente, no rinde, se desmotiva, y ocupa gran parte de su capacidad evitando sucumbir a sus niveles de ansiedad. En conclusión, resulta afectado su trabajo, su entorno, y por defecto, la empresa.

Antes de llegar a este punto de quiebre, se debe hacer una pausa, tomar un segundo aire y buscar alternativas para continuar operando sin sacrificar la prosperidad económica, el compromiso ambiental y la responsabilidad social, las tres vértebras que conforman la espina dorsal de la sostenibilidad corporativa.

Cuando se pone como protagonista al empleado, en vez de relegarlo y priorizar las cifras, es posible afrontar de manera más sólida la crisis, y salir airoso de ella.

Un trabajador motivado, que sienta el respaldo de su empleador, y que vea los esfuerzos que hace la empresa por mantenerlo bien, es un elemento fundamental para mantener el clima laboral. Si la persona no está pensando en que se va a enfermar, o que cada vez que vuelve a casa está poniendo en riesgo a su familia, su productividad debería mantenerse, o incluso incrementar.

Buena parte de los esfuerzos empresariales deben enfocarse en mantener el ánimo de los colaboradores, y si bien no existe una pócima mágica que evite el contagio, y probablemente nunca existirá -según ha explicado en reiteradas ocasiones la Organización Mundial de la Salud- sí hay una serie de estrategias corporativas que pueden ayudar a los trabajadores a sentir menos miedo de afrontar la “nueva normalidad”.

El acompañamiento sicológico, el reconocimiento al esfuerzo, la rotación de trabajadores, el equilibrio de las cargas y el trabajo en casa son medidas que las empresas pueden seguir implementando para mantener la estabilidad, al tiempo que brindan confianza y bienestar social. Si le sumamos un trato humano y empático, los buenos resultados deberían venir por añadidura, más sabiendo que en tiempos de coronavirus no hay nada más gratificante y destacable, que una empresa que salvaguarda el empleo.

Cuando se mantienen, y en la medida de lo posible se fortalecen esos programas corporativos, se protege al talento humano y la sostenibilidad, avanzando hacia un mundo desarrollado en todos los sentidos.