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Educación para la esperanza

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Luis Pérez Gutiérrez Exgobernador de Antioquia

Colombia tiene una educación vetusta e inequitativa. La ley 30 de 1992 y la ley 115 de 1994 que rigen la educación están rancias. En 1992 no existía internet ni celulares en Colombia. Pareciera una educación fosilizada. Leyes del siglo pasado para educar jóvenes digitales. Y los planes de estudio están hechos para un mundo que ya no existe. No forman para las demandas de la vida y los nuevos tiempos.

Ningún Gobierno desde hace 28 años ha sido capaz de meterse en la audaz tarea de rejuvenecer la educación; o les da miedo o no creen en la educación. Triste. El futuro del país tiene el color de su juventud y el mandato de su inteligencia colectiva.

Los resultados sociales de la educación en Colombia son desastrosos. No se sabe de dónde sale el optimismo de power point de los gobiernos.

Colombia tiene más de 13 millones de adultos que no son bachilleres; de cada 100 colombianos, 56 nunca completan el bachillerato. De 100 bachilleres, solo 52 van a la educación superior y, por deserción, terminan su carrera únicamente 26. Colombia tiene 2,7 millones de analfabetas que, en esencia, no tienen patria.

De 70.000 jóvenes ansiosos de estudiar en la Universidad Nacional, rechazan 63.000. Igual, la Universidad de Antioquia deja en la calle 45.000. Cuando le cierran la puerta de la universidad a un joven, se abren soberbias 1.000 puertas de los ilegales.

Los que dicen que la Educación va bien, viven en un país que ya no existe. No hay país moderno con educación vetusta.

Para un nuevo país, todos los jóvenes tienen que ir a la educación superior, y gratuita si no tienen recursos. El Gobierno debe fundar universidades digitales sin límites de cupos. Además, qué bueno una norma que obligue a que en educación superior al menos 30% de los cursos sean digitales.

Eso libera nuevos 500.000 cupos universitarios de un solo tajo, para que ningún joven se quede sin educación superior. Hay que crear muchos colegios de bachillerato digital gratuito para los 13 millones de adultos que no tienen título de bachiller. Los bachilleratos nocturnos le cuestan mucho al Estado y son de museo.

Es hora de mirar con telescopio y no con lupa. La pandemia hizo más por cambiar la educación que el Gobierno y el Congreso. Se debe acelerar la cultura digital masiva, ofrecer internet gratuito en territorios menos pudientes, y crear una red de bibliotecas que presten computadores y no libros. De no ser así, en esta pandemia todos los estudiantes pobres perderán el año, o los trabajadores su empleo. Sin prepararse, las casas se convirtieron en escuelas. Más inequidad!

Esto cambió. Ante una pregunta, ya nadie responde “no sé”; dice, “déjame buscar”. La buena educación es la moneda más poderosa que se le puede dar a un ciudadano. Y la educación es la única moneda que vale en todo el planeta.

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