.
Analistas 27/05/2026

Sorpresas te da la vida

No se sabe quién ganará estas elecciones. La gracia en una democracia es que existan reglas claras y resultados inciertos. Pero gane quien gane, lo hará por una pequeña diferencia.

El país está dividido casi por mitades en dos visiones antagónicas. Haría bien el triunfador en tener esto en cuenta. Su mandato será, por definición, limitado. Aventurar reformas radicales, como la convocatoria de una asamblea constituyente, por ejemplo, sería una irresponsabilidad monumental.

El desconcierto en el Gobierno y entre sus seguidores más comprometidos debe ser grande. Después de tirar la casa por la ventana, su candidato a duras penas obtiene 40% de favorabilidad, según las encuestas. Mientras tanto, el candidato que ofrece una visión antagónica del país le pisa los talones. No es del todo improbable que lo supere o lo empate en la primera vuelta.

Abelardo de la Espriella es la antítesis de Iván Cepeda. Su historia de vida y sus planteamientos de política pública no podrían ser más divergentes. Lo interesante, sin embargo, va más allá del contraste. Mientras el uno ha hecho de su vida austera, casi monástica, una virtud, el otro, en cambio, no tiene vergüenza alguna en lucir su riqueza. Abelardo no tiene problema alguno en mostrar su avión privado, la villa en la Toscana y en tomar botellas de vino de varios centenares de euros.

Esto debería ser anatema en el entorno político del momento. La exacerbación de la lucha de clases ha sido un signo del cuatrienio petrista. A los ricos no los bajan de esclavistas y de explotadores. La visión de suma cero, propia del pensamiento marxista que los determina, impone una solución igualitaria donde los que tienen dejen de tener para que los que no tienen tengan algo.

Esta es la razón que inspira la guerra a muerte que le declararon a medio país y que, como están las cosas, corren el riesgo de perder. Porque en eso calcularon mal. Muy mal. El colombiano no es, como se lo imaginaron, un sartal de resentimientos. Es todo lo contrario: un berraco echado pa’lante. El colectivismo materializado en el fetiche de la olla comunitaria, que tanto les gusta, poco apela al feroz individualismo de la personalidad nacional. El colombiano no es de “juntanza” en una raída carpa de circo. Es de “déjenme vivir mi vida en paz”.

La psiquis nacional no parece doblegarse a los caprichos bolcheviques del Parkway. El colombiano no se parte la espalda diariamente para vivir en un koljós soviético, sino para educar a sus hijos en libertad y tener su finquita en tierra caliente.

De todas formas, el error de cada uno sería asumir que su particular visión se debe imponer sobre los otros. La equidad que los colombianos reclaman no se logra con experimentos socialistoides, como pretende Cepeda. Se logra con desarrollo capitalista. Ni, tampoco, estamos en tiempos de imponer una utopía tradicionalista. “Make Colombia Great Again” no pasa de ser una fantochería. Sorpresas te da la vida, y el resultado de este domingo confirmará que, pase lo que pase, una parte de Colombia tendrá que seguir viviendo con la otra.

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA

MÁS DE ANALISTAS

ÚLTIMO ANÁLISIS 25/05/2026

Trayectorias paralelas-nefastas: Brasil y Colombia

Las encuestas revelan empate técnico entre Lula y el hijo de Jair Bolsonaro, quien intenta moderar su discurso derechista, mientras su padre permanece encarcelado por intento de atornillarse al poder

ÚLTIMO ANÁLISIS 27/05/2026

La hora del cacao

Lo sucedido en los últimos años con los precios y la producción alrededor del mundo ilustra las extraordinarias oportunidades para Colombia en este sector

ÚLTIMO ANÁLISIS 25/05/2026

Y mientras tanto, ¿por quién votar?

Porque votar sin pensar en el país es como mercar sin lista: uno termina comprando antojos y olvidando lo esencial. Yo tengo claro el país que quiero