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Analistas 09/06/2021

¿Salir corriendo?

Quiz sorpresa: ¿ha pensado o conoce a alguien que haya pensado en vender todo lo que tiene en Colombia y domiciliarse en el exterior?.

La respuesta es, seguramente, sí. Muchas personas -profesionales exitosos, empresarios, gente de trabajo- sienten que el país se está perdiendo, que la inseguridad es rampante, que la clase política está desconectada, que el Gobierno es inepto, que la economía no despega, que la llegada de un populista de izquierda es inevitable y que Colombia será la próxima Venezuela. Angustia, frustración, rabia, miedo y, sobretodo incertidumbre son los sentimientos del momento.

Esto no era así hace algunos años. Para ser más exactos no era así en 2017. Era todo lo contrario. Colombia en ese momento era un ejemplo de éxito, un país que había logrado superar un conflicto interno de más de cuarenta años con la desmovilización de decenas de miles de combatientes. El hospital militar se desocupó; los secuestros y las tomas guerrilleras prácticamente se acabaron, los índices de homicidios se desplomaron y era posible, por primera vez en décadas “salir a pescar de noche” según el estándar que había prefigurado el maestro Echandía.

El cambio era notorio y reconocido internacionalmente. Los colombianos ya no éramos parias en el mundo; podíamos entrar a decenas de países sin visa; en la prensa extranjera Colombia era el destino turístico del momento, el país por descubrir, con bellísimas playas, ciudades cosmopolitas, selvas exóticas, verdes montañas y llanos interminables.

Había confianza entre los inversionistas, nuestro grado de inversión estaba asegurado, pisábamos fuerte en los organismos multilaterales, los bancos extranjeros nos consideraban una isla de estabilidad en medio de una región tumultuosa; hasta nos admitieron en la Ocde, el club de las naciones desarrolladas, no porque lo fuéramos sino porque algún día lo seríamos.

¿Qué fue lo que ocurrió? El covid, por supuesto, pero las cosas ya venían mal desde antes; las marchas empezaron, por si no recuerdan, a finales de 2019.

El discurso de la derecha, empecinada en regresar el reloj a los viejos tiempos de la seguridad democrática -necesaria en su momento, pero anacrónica en este- nos llevó a dilapidar el good will acumulado con la comunidad internacional; las “horas” que le quedaban a la satrapía venezolana se convirtieron en años y ahora ejercen como enemigos; el apoyo a Trump se ha devuelto como bumerán, Biden no pasa al teléfono; seguimos con los cultivos de coca creciendo, pero sin posibilidad de fumigar porque el gobierno no aguanta un pellizco; la economía esta devastada, las finanzas públicas están hechas trizas, la gobernabilidad esta pegada con melaza; existe, prácticamente, un alzamiento popular en las calles y para colmos, la violencia esta regresando.

¿Es el momento de vender todo y salir corriendo? No, Colombia ha pasado por peores momentos. Más bien preparémonos para enmendar la plana en 2022 e intentar recuperar la paz y prosperidad perdida, evitando a toda costa los populismos de la diestra y de la siniestra.