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Analistas 11/05/2022

Quemar a Fajardo

La senadora electa, Isabel Zuleta, acaba de confesar en un video que gracias a sus gestiones ante la Procuraduría y la Contraloría lograron “quemar” a Fajardo. Fue una tarea “dura”, según le explicó a un auditorio de copartidarios, a quienes conminó para que repitieran la gestión, replicando los ataques -igualmente falsos, supone uno- esta vez en contra del candidato Fico Gutiérrez.

Este instante de sinceridad -reminiscente del “estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”, circa 2016, donde las mentiras se impusieron para derrotar el plebiscito por la paz- dice muchas cosas sobre la campaña petrista.

Primero, que están dispuestos a hacer cualquier cosa para ganar las elecciones, incluyendo la tergiversación de la verdad, la calumnia y el ataque personal. Y todo parece indicar que les está funcionando, a juzgar por las encuestas, donde Petro tiene por ahora una holgada ventaja. Violaciones descaradas de los límites morales, como la confesada por la senadora Zuleta, lo llevan a uno a pensar si no se estarán violando otros límites. Lo digo porque no será la primera vez que se le vea al candidato de marras contando dinero en bolsas de papel sin dar explicación alguna.

Segundo, que el petrismo tiene una relación fluida con la realidad. Ante el comprensible escándalo suscitado por sus declaraciones, la senadora Zuleta nos explicó que su uso del verbo transitivo “quemar” no era quemar, como todos lo entendemos. En el “territorio”, dice la senadora, “quemar” tiene un significado diferente. Quemar es decir “la verdad”, o sea mentir en contra de una persona.

Esto, definitivamente, es algo nuevo para nosotros que vivimos en el territorio de Bogotá, donde las palabras significan lo que significan. Quizás en el territorio del norte de Antioquia las palabras tienen significados alternativos, como los slogans orwellianos, (“la guerra es paz”, “la libertad es esclavitud” y “la ignorancia es fuerza”) y ahora resulta que el petrismo ha acuñado uno nuevo: “la mentira es verdad”.

Finalmente, tal vez lo más preocupante del asunto es la indiferente casualidad con la cual la senadora involucra en este ejercicio de piromanía a los entes de control. Ahora sabemos que las denuncias en contra de Fajardo, basadas en mentiras, resultaron en controversiales sanciones fiscales e imputaciones penales. Esto quiere decir una de dos cosas: o los entes de control fueron idiotas útiles de una activista política o participaron activamente en una persecución electoral. En ambos casos el resultado es deplorable. La politización de los entes de control viene de vieja data. Sería conveniente que se plantearan reformas a la Contraloría y a la Procuraduría que escindan las funciones de investigación y de juzgamiento, como se hizo hace algunos años con el sistema penal acusatorio que rige para la fiscalía, para garantizar la imparcialidad.
Desde el desayuno se sabe cómo será el almuerzo, dicen. Si gana Petro, la hoguera en contra de los opositores la prenderán directamente desde la Casa de Nariño.

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