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Analistas 14/10/2026

¿Por qué perdimos?

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Ojo al dato

Las lluvias de octubre deben atesorarse para no echarle la culpa a El Niño

Es un hecho comprobado, con datos meteorológicos, que si bien en junio, julio, agosto y septiembre hubo precipitaciones, estas no fueron significativamente superiores a las de hace un año, y que sigue muy vigente el pronóstico de un fenómeno de El Niño severo, aunque las lluvias de octubre enmascaren los vaticinios de los principales centros climáticos. Lo que hay que hacer ahora es cuidar el agua que cae en abundancia por estos días para no lamentar las sequías.

En la reciente Feria del Libro del Zócalo, en Ciudad de México, Gustavo Petro le explicó a un público de simpatizantes de izquierda por qué el progresismo perdió la presidencia de Colombia. Su tesis, básicamente, es que el progresismo, con sus maravillosas reformas, construye clase media y que esa clase media, una vez consolidada, le da la espalda. En suma, diría Petro, perdimos porque gobernamos bien y después nos traicionaron esos ingratos.

Sin embargo, en su intervención, Petro fue más allá. Afirmó que el discurso de campaña no supo interpretar las aspiraciones de esos sectores y responsabilizó a Iván Cepeda por su insensibilidad política y su desconexión con los electores. También insinuó que el resultado electoral se vio alterado no solo por la consabida deslealtad -en especial la de la despreciada clase media bogotana, “beneficiaria de la reforma laboral de mi gobierno”, como dijo el pasado 22 de julio-, sino además por un fraude improbado de casi un millón de votos y por los algoritmos de la derecha trumpo-bolsonarista.

Estas son excusas de mal perdedor. El error de fondo de la izquierda colombiana es otro. Petro y sus amigos están convencidos de que fabricaron la clase media colombiana, sin aceptar que esto ha sido un esfuerzo de décadas. Según el Banco Mundial, la pobreza monetaria cayó de 49,7% en 2002 a 28,2% en 2019, y en ese periodo la clase media casi se triplicó, de 11,8% a 31,2%. Según el Dane, en 2024 la clase media (34,4%) superó por primera vez a la población pobre (31,8%), y en 2025 llegó a 38%, pero ese cruce de líneas no es un milagro de cuatro años. Es el último tramo de una pendiente de 30 años.

Esa pendiente tiene autores. El primero es una economía de mercado que creció, generó empleo y atrajo inversión. El segundo, un Estado que focalizó su gasto en los más pobres. El tercero, esquemas público-privados como el sistema de salud de la Ley 100 -que llevó la afiliación de cerca de 22% de la población en 1993 a 99% en 2022 y redujo el gasto de bolsillo de 38% a 14% del total destinado a salud-, o programas sociales como Mi Casa Ya o los préstamos del Icetex o de Colfuturo. Ese es el sistema que el gobierno Petro hizo todo el esfuerzo por desmontar. A eso que llaman neoliberalismo le deben millones de familias su primera vivienda, su primer carro y su primer hijo profesional.

Por eso la clase media no es desagradecida ni tonta. Es racional y ahora es mayoritaria. Sabe que su ascenso fue lento y que su caída puede ser rápida, y vota por quien cree que protegerá lo que construyó: su empleo, su EPS, su ahorro, su vivienda, su seguridad. Llamar aspiracional a quien quiere conservar lo ganado es no entenderlo. Ahí está la razón de fondo de la derrota petrista. El progresismo le ofreció a la clase media desmontar los mecanismos que la crearon. La elección de 2026 se decidió por menos de un punto. Media Colombia sigue esperando una izquierda capaz de perder sin insultar a quien no la eligió. En México hubo aplausos, pero en Colombia nos hace falta una profunda introspección sobre lo que pasó en el último cuatrienio.

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