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Analistas 06/05/2026

Otro mundo es posible

El Ministerio de Educación Nacional, la Internacional Progresista y el llamado Centro de Pensamiento Vida -un wannabe Fedesarrollo progre- realizaron en las instalaciones de la Cancillería lo que llamaron el Encuentro Internacional “Economía para la Vida: Hacia un Nuevo Orden Económico Internacional”, con la participación de un quién es quién de la intelligentsia de la izquierda regional.

Supone uno que estarán en todo su derecho de armar este mamerto-fest, aunque el contenido y los asistentes dejan muchas inquietudes.

Según el informe realizado por este diario, el foco de las jornadas se dirigió a “cómo poder construir en Colombia un nuevo orden económico, en el que la industria, el agro y la transición energética serían pilares clave”, aunque al parecer no hubo ningún empresario, ni ningún industrial y, menos aún, algún agroindustrial presente. Cristian Pino, asesor de la Internacional Progresista, fue incluso más explícito al aclarar que nuestro país es un referente clave en el proceso de construcción de esta nueva arquitectura económica mundial. “Para nosotros”, dijo, “Colombia representa una reserva viva del espíritu de La Habana 1974. Desde aquí se proyecta un pensamiento económico renovador”.

A los asistentes -entre los cuales había un expresidente, seis ministros de Estado y dos senadoras- la utilización en la misma frase de las palabras “espíritu de La Habana 1974” y “pensamiento económico renovador” parece no haberles causado ningún tipo de disonancia, tan acostumbrados estarán a balbucear cualquier tipo de disparate. No obstante, si, como proponen, Colombia es una “reserva viva” de este experimento fracasado en todo el mundo, sería conveniente irnos preparando para lo que viene.

Porque ese es el problema del continuismo Petro-cepedista: el anacronismo delirante de un plan de gobierno que ahora quieren perpetuar. Con el cuento de que “otro mundo es posible” nos invitan a repetir todos los descalabros de antaño. Y es que los colombianos somos especialmente vulnerables porque hemos evitado lo peor de las crisis económicas regionales. La prudencia fiscal, una banca central independiente, respeto a los derechos de propiedad, cargas tributarias moderadas (hasta ahora) y una tecnocracia económica sobresaliente han sido nuestra receta. No existe en Colombia memoria reciente de hiperinflación, expropiaciones, escasez alimentaria o colapso energético, como sí la hay en Brasil, Chile, México y Perú, para poner algunos ejemplos.

Es una lástima que el desconocimiento de la historia permita que las narrativas populistas se impongan. Se odia al sistema de salud porque nadie recuerda el ICSS. Apedrean TransMilenio, pero se olvidaron de los buses chimenea. Piden no pagar las cuentas de luz sin saber que ya tuvimos un apagón. Amenazan al banco central independiente sin haber vivido las inflaciones de dos dígitos.

La ironía de este momento es que estamos donde estamos -que es ser un país de ingreso medio que ha reducido sustancialmente la pobreza- no porque hayamos hecho lo que hicieron nuestros vecinos, sino porque hicimos las cosas de manera diferente.

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