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Analistas 10/02/2021

¿La Pdvsa paisa?

La República Más

Todo lo que se diga sobre las Empresas Públicas de Medellín es poca cosa: que es la “joya de la corona”, la “niña consentida”, la “monedita de oro”, en fin, todos los epítetos que resalten la importancia de la empresa para Antioquia y para el país se quedan cortos. EPM es una de las pocas empresas de propiedad pública en América Latina que se comporta como una empresa privada de clase mundial, generando año tras año beneficios financieros y sociales a sus accionistas, en este caso, los ciudadanos de la capital antioqueña.

La otra empresa de esta naturaleza que se viene a la mente es -o era, mas bien- Petróleos de Venezuela, Pdvsa. Esta también era una empresa de clase de mundial, una empresa de hidrocarburos que no tenía nada que envidiarles a sus contrapartes privadas en cualquier parte del planeta. En materia de ejecutivos, técnicos, estrategia, procesos, productos y capital Pdvsa le ponía la pata al que fuera. Y los beneficios estaban ahí, 95% de las divisas del país las generaba la empresa y de sus dividendos vivía, holgadamente, el estado venezolano.

Hasta que llegó Hugo Rafael Chávez, quien de tanto leer biografías de Bolívar no tuvo tiempo de pararle bolas a la fábula de la gallina de los huevos de oro y se dedicó a desplumar el animal. Primero expulsó a los directivos para reemplazarlos por sus calanchines, luego diezmó al cuerpo técnico -que abandonó a la empresa por los miles- y le dejó muy claro a los trabajadores remanentes que, o estaban con él, o “debían irse a Miami”.

La Pdvsa “social” de Chávez se dedicó a operar supermercados (Pdval); realizar actividades agrícolas (Pdvsa Agrícola. Producto estrella: “El pollo soberano”, no me lo estoy inventando); construir vivienda popular (Misión Barrio Adentro) y, por supuesto, a comprar apoyos políticos internacionales regalando petróleo. En un par de años la producción petrolera cayó de 3,5 millones de barriles a cerca de 0,6 millones en la actualidad, la misma que en 1941.

Destruir una empresa es muy fácil, ocurre aún en los casos donde hay buena administración, buenos productos y suficiente capital. Una mala decisión de negocios o un evento fortuito puede echar al traste decenas de años de trabajo. Lo que esta ocurriendo con EPM, donde por primera vez en la historia la empresa se encuentra en medio de una pelea entre facciones políticas paisas, puede llevar a que la joya de la corona antioqueña siga los pasos de la Pdvsa de Chávez. Cuando se sustituyen las decisiones de negocios por decisiones políticas, cuando los directivos están más interesados en complacer al gobernante de turno que en generar beneficios a los accionistas, cuando el criterio para ocupar un cargo no es la competencia profesional sino los contactos partidistas, ahí es cuando una empresa pierde inexorablemente su rumbo.

Las facciones enfrentadas en el affaire EPM deben, ambas, echar un paso atrás en esta pelea. Aunque parezca demasiado tarde, el alcalde debe respetar las políticas de gobierno corporativo que por tanto tiempo le funcionaron bien a la empresa. EPM no es una disidencia burocrática que hay que someter a rejo para que ejecute los caprichos de la administración. El uribismo, por su parte, debe desescalar la confrontación y olvidarse de hacer llamados al gobierno nacional para que intervenga la empresa, algo que, en este caso, además de ilegal, seria inconveniente.