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Analistas 05/10/2022

Crecimiento cero

Todo parece indicar que los deseos del presidente se convertirán prontamente en realidad. No era necesario contratar a McKinsey & Company ni hacer un elaborado montaje en los gélidos jardines de Hato Grande para discutir matrices Dofa, ni semáforos de evaluación.

Los resultados esperados, los mangos bajitos, ya están acá. Si lo que se quería era decrecer la economía, esa meta ya se logró.

O se logrará prontamente. Según el Banco de la República, el crecimiento de la economía colombiana durante 2023 será del 0.7%, lo que quiere decir que tendremos crecimientos negativos en varios trimestres. Es decir, una recesión económica.

Supongo que algunos miembros del gabinete aplaudirán los resultados. Es lo que recomiendan charlatanes con nombres enrevesados como Nicholas Georgescu-Roegen, E.F. Schumacher (autor de “Lo pequeño es hermoso”), Jigme Singye Wangchuck (Cuarto Rey Dragón de Bután) y Serge Latouche, quien expresa sus teorías en frases cantinflescas de difícil comprensión.

Para estos bufones y sus emuladores en Colombia el decrecimiento puede que sea deseable. Desde el escritorio de una universidad es una cómoda manera de justificar la mediocridad. Pero para la gente común decrecer es una verdadera tragedia. Significa más desempleo, menos oportunidades, más desigualdad y, en últimas, más pobreza.

Experimentar con teorías económicas a medio cocinar cuando se vislumbra una severa crisis mundial es una irresponsabilidad indescriptible. En una decisión demencial el actual gobierno optó por autoexcluirse del sector minero-energético, el principal generador de divisas. Una mayor devaluación de la moneda resulta ahora inevitable. El financiamiento del país está en veremos, el desánimo de los inversionistas es total y la inflación sigue disparada, lo que obligará al banco central a continuar con el aumento de tasas.

Lamentablemente a este gobierno poco le importarán las consecuencias. Ya lo veremos buscando chivos expiatorios de sus propios fracasos. Serán los de siempre. La agricultura extensiva y los TLC serán culpados del alza en los alimentos. Los bancos y la junta del República del costo del crédito. De la devaluación, los “gringos” y las calificadoras de riesgo. Al FMI se le atribuirá la crisis fiscal y las medidas para paliarla. Y, en general, se acusará a las “oligarquías”, a las “mafias”, a los “terratenientes” y a todos menos a los verdaderos responsables que serán los incompetentes que se sientan en los despachos oficiales.

La solución gubernamental no será retornar al crecimiento reviviendo la confianza de los inversionistas sino todo lo contrario: control de cambios, renegociación de la deuda, controles de precios y nacionalizaciones. Esto le dará poder al gobierno para premiar a sus acólitos y para castigar a sus críticos. Los petrichicos prosperarán. Las conveniencias políticas subsumirán a las consideraciones económicas. La crisis se hará más profunda, pero eso no les va a importar. Como no les ha importado a los que mandan en Venezuela y Argentina: las crisis son oportunidades y ellos sí que saben aprovecharlas.

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