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Analistas 27/09/2023

Acuerdo nacional: sí pero no así

El presidente anda con la idea de promover su “acuerdo nacional” anunciado en las festividades patrias de hace unas semanas. Está en todo su derecho de hacerlo. Sin embargo, los destinatarios de la idea debemos proceder con cautela ante los cantos de sirena presidenciales.

Recordemos que hasta ahora Petro ha demostrado una persistente testarudez. La primera intentona de unidad nacional articulada por Roy Barreras en el congreso fue demolida por el jefe del estado cuando esta cuestionó los aspectos más astringentes de sus reformas. En su reemplazo el presidente optó por buscar la legitimidad en la calle -la querencia natural de los demagogos- pero esta no le funcionó y ahora, frustrado con los resultados de su gestión, propone un nuevo viraje que le devuelva algún tipo de gobernabilidad.

Antes de saltar a decir que sí a la invitación del presidente propongo cinco precondiciones que los convocados deben exigirle al anfitrión para no caer en una telaraña de la cual difícilmente podremos salirnos.

La primera es obvia. Determinar para qué es el acuerdo nacional. No será para aprobar sin cambiar una coma las reformas que el presidente ha propuesto. Será, creería uno. para ponerse de acuerdo sobre aspectos fundamentales del bienestar de la nación. Si es así ¿cuáles son? El ministro del interior ha dicho que el presidente tiene las bases de la propuesta “en su escritorio”. Pues que las desengavete para saber si hay algo de qué hablar o no.

La segunda es de simple cortesía: bajarle al Twitter presidencial. No se puede convocar un acuerdo nacional con los empresarios mientras el presidente los trate de mafiosos, rentistas, parásitos y quien sabe qué más cosas. El acuerdo nacional debe empezar por contener los excesos retóricos de Petro.

La tercera es de sentido común. Se le debe exigir al gobierno que mientras conforma esta mesa de diálogo nacional se suspenda el trámite de las reformas en el congreso. De qué serviría, por ejemplo, hablar de salud mientras se aprueba la reforma al sistema a pupitrazo limpio en el congreso; matoneando, como ha ocurrido, a cualquiera que sugiera una modificación.

La cuarta es necesaria: que pare la decretatón. No basta con suspender el trámite de los proyectos de ley. Este gobierno tiene la maña de abusar de las facultades reglamentarias del ejecutivo y por esa vía nos quiere imponer ilegalmente las reformas agraria, energética, de servicios públicos y todas las demás que se le ocurran.

Finalmente, la más importante. Que se aclare si este acuerdo nacional es el preámbulo de la convención nacional del ELN, el sueño dorado de esa guerrilla. El senador Iván Cepeda así lo ha sugerido. La tentación de transmutar el acuerdo nacional en una asamblea constituyente que prolongue el mandato presidencial es un peligro demasiado grande. Los empresarios no puede ser idiotas útiles legitimando una maniobra que puede acabar siendo un caballo de troya.

Si no se cumplen estas condiciones lo responsable sería decir que no, que muchas gracias, pero no al “acuerdo nacional” de Petro.

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