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Analistas 05/06/2026

Elijamos ser libres: Soberanía ciudadana y no narcoterrorista

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Ganadero, abogado y economista agrícola
Luis Guillermo Echeverri Vélez

“Si los caballos pudieran dibujar sus dioses, tendrían forma de caballos”. (Jenófanes de Colofón, 400 a. C.).

Lo que le pase a toda Colombia el 21 de junio solo depende de cada uno de nosotros. Esta vez no es problema de los demás. Eso ya no está en manos del mandato a una clase política caduca para reemplazarla por una más corrupta. Ya no se trata del Tigre, la Paloma ni del “engendro” heredero del falso humanismo.

“La soberanía es responsabilidad de todos”. (Cayetana Álvarez de Toledo, 2026).

Que un país sea de todos es la esencia de la soberanía. Este país es del pueblo, no de los que dicen que son el pueblo ni de quienes dicen representarlo. Ahora depende de cada voto liberarnos de la soberanía narcoterrorista que encarna el candidato castrochavista.

“Libertad y Orden” son nuestros valores fundacionales y están en juego. Elijamos si queremos ser libres y vivir dignamente el curso de la democracia, enmarcada en la legalidad, o si voluntariamente nos vamos a someter a reemplazar la soberanía ciudadana por la consolidación de un narcoestado controlado por terroristas y criminales, aventando el país al oscuro pozo sin fondo de la miseria.

Es hora de decirle la verdad a quienes deberían estar pagando y pidiendo perdón por todos los crímenes cometidos: las Farc-EP, el Eln y demás organizaciones criminales; de decirle no más impunidad a los abusos de Gustavo Petro, Iván Cepeda, Juan Manuel Santos, la falsa paz y sus corruptos validadores en el parlamento y las cortes; a los clérigos ideologizados, el narcoindigenismo, las ONG, los gremios y a los empresarios entregados que tanto han contemporizado con el narcoterrorismo.

Las economías estatizadas nunca han funcionado: son una destrucción de valor donde no queda qué repartir. Cuando un gobierno empieza a querer controlar los negocios de los particulares, destruye la economía pública y la privada. En general, el Estado es peor administrador que los particulares porque no tiene doliente. Es la libertad de mercados y la inversión del sector privado la que generará valor, riqueza, capitales lícitos, empleo, impuestos y desarrollo socioeconómico.

La gran falacia del comunismo ha sido vender la idea de que todos podemos vivir del Estado. Los gobiernos solo deben administrar el gasto e invertir bien el remanente de ingresos públicos originados en los impuestos de los particulares; defender la soberanía de la nación de amenazas externas e internas; proteger a los individuos de los maleantes; regular qué es privado y qué es de todos, respetando las libertades y garantías sociales; y proveer los mecanismos judiciales para resolver las disputas.

La elección del 21 es asunto de defender la libertad soberana en manos de los ciudadanos, cerrándole las puertas del Estado a los delincuentes de las Farc-EP, el Eln, a todo el Pacto de la Picota, al nuevo M-19 y a toda la corruptela política que gravita en la falacia de la paz total y el gran pacto nacional, que tan solo son la vieja trampa chavista para estrangular al sector productivo. Elijamos ser libres por amor a la patria, a nuestras familias y a nuestra tierra. No permitamos que incendie a Colombia el socialismo del siglo XXI en las elecciones.

Es hora de decirle no más a quienes se están robando la nación y ahora nos quieren robar la dignidad y la libertad para esclavizarnos, como le ocurrió al pueblo de Cuba y en muchos lugares de Venezuela y Nicaragua, donde las calles están llenas de ciegos por inanición, de seres famélicos por desnutrición, desesperados porque los días se les reducen a mendigar alimento entre los escombros.

No podemos premiar con el poder al heredero de las Farc-EP y de un narcogobernante ilegítimo que ha destruido dolosamente el sistema de salud, el pensional y el sector minero-energético, y ha auspiciado el desfalco más grande del que tenga cuenta nuestra historia económica, y que nunca debió asumir la presidencia después de los siniestros pactos en las cárceles y de violar los topes de campaña.

No podemos olvidar más de 60 años de asesinatos de civiles, policías y soldados; de mutilados, de secuestros; de niños y personas violados y convertidos en asesinos, esclavos del odio y el vicio. Lo que arriesgamos el 21 de junio con nuestro voto no es un videojuego: es el futuro de nuestra libertad, de la seguridad soberana, ciudadana, física, económica y alimentaria, y la de nuestros hijos. Demostrémosle al mundo que somos una nación responsable que no está dispuesta a perder su soberanía.

Llegó el momento definitivo: somos un país libre y una nación de conciencia, o no somos nada.

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