.
Analistas 02/02/2021

Se complejiza la solución

Empieza febrero y sigue siendo crítico el panorama sobre una solución factible al problema global desatado por la aparición del virus respiratorio Sars-Cov-2. La neumonía covid-19 sigue sin control, a pesar de los avances inéditos en relación con un revulsivo que frene al virus en su carrera por ampliar el número de contagios. Hoy que las cifras han superado los 103 millones de personas contagiadas, y más de 2,23 millones de muertes, las discusiones en torno a las vacunas desarrolladas son álgidas y brindan poco ánimo a la mayor parte de los habitantes del planeta.

Existen naciones que lideran los procesos de vacunación, no sólo por contar con el personal y toda una cadena logística que les ha permitido ir adelante, sino también porque cuentan con los recursos, el lobby con las farmacéuticas y privilegios ganados a pulso para tener las dosis que otros añoran. Aun así, la situación se torna cada vez más compleja para la humanidad en general, resaltando en ella con facilidad los casos en los que existen reducidas esperanzas de controlar la pandemia en el corto plazo.

Es el caso de Colombia. El país hace parte de los 194 Estados que en el sistema de Naciones Unidas han desarrollado actividad diplomática por años, pero cuyo lobby y capacidad (potencial) económicos son simplemente insuficientes para lograr la inclusión en el grupo que lidera la demanda por la vacuna contra la covid-19. Y como Colombia, decenas de naciones se mantienen en la incertidumbre.

Las circunstancias actuales resaltan dos aspectos puntuales: el primero, la escasez -apenas obvia- de la vacuna. El segundo, el secretismo que hay detrás de todo este proceso de desarrollo, fabricación y venta, que no se sabe si es más angustiante que la escasez del antídoto.

En relación con la escasez debe señalarse que era algo previsible, pues se está ante un producto que acaba de ser creado, para satisfacer una demanda sinigual. Sin importar origen y desarrollo, la suma de las farmacéuticas que han apostado todo para lograr una vacuna contra el virus Sars-Cov-2, y que además han contado con buenos resultados es tan reducida, que para satisfacer la demanda global no bastaría con la producción trazada para 2021. Ahora se evidencia que los acuerdos tranzados entre las multinacionales del sector y los gobiernos de las naciones más desarrolladas se vienen incumpliendo.

Precisamente eso hace parte del segundo punto que sugiere esta columna y que naturalmente se vincula con las cláusulas de confidencialidad incluidas en los contratos. Pero antes de citarlo debe señalarse que, ante la escasez de la vacuna y una demanda insospechada expuesta desde los cuatro puntos cardinales, los precios que los gobiernos están cubriendo por la dosis que les permita inmunizar a sus poblaciones, llevarán a un inminente incremento de la deuda pública y el agravamiento de los déficits fiscales en las naciones en vía de desarrollo, tal es el caso de Colombia y toda la América Latina.

El otro tema sugerido tiene que ver con el secretismo tan cuestionado por la opinión pública, no sólo a nivel doméstico sino internacional. A los gobiernos -y mucho al colombiano-, se les acusa de no comunicar a tiempo y de, según se manifiesta desde diversos ámbitos, no tener un plan de acción claro frente al tema de la vacunación. Incluso, se ha caído en una serie de comparaciones a nivel regional, que involucra falsos programas de vacunación.

A la fecha, algo está claro, las cláusulas de confidencialidad de los acuerdos hechos por las farmacéuticas impiden que se hable de muchas cosas, y contienen muchas reservas con las que los gobiernos deben lidiar. Además, solo las naciones que contaron con los recursos financieros para acceder al fármaco, y desplegaron el lobby adecuado con los actores clave del mercado en cuestión, son los que hoy cuentan con un plan de vacunación oficializado. Las demás, están como Colombia, sin claridad y a la deriva.