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Analistas 02/10/2018

Otra reunión sin resultados

Luis Fernando Vargas-Alzate
Profesor asociado de la Universidad Eafit

Una asamblea más, así podría definirse lo que sucedió la semana anterior, mientras uno a uno fueron desfilando, con sus ideas, posiciones y declaraciones, los diferentes líderes mundiales que aceptaron la cita en Nueva York.

Desde Colombia, quizá las tres intervenciones más esperadas fueron, obviamente, la del presidente Duque primero, y las de los mandatarios venezolano y estadounidense después. Esto, porque para los interesados en las relaciones, la política y los estudios internacionales, la consideración del papel que ocupan ambos gobiernos en las decisiones exteriores del país es clave.

El primero de ellos en intervenir fue el presidente estadounidense. Con su particular gesticulación, en la que transmite la idea de ser único y que tal exclusividad le otorga capacidad para decidir sobre lo que se hace y deja de hacer en el mundo, lo primero que generó fue risas en el auditorio, cuando señaló que su administración es, sino la única, una de las pocas que ha logrado entregar a los estadounidenses la mejor calidad de vida. Claramente hacía campaña desde allí para obtener buenos resultados en las legislativas del mes próximo.

Se afianzó en la palabra para irse contra diversos gobiernos, indicando que de no replantear sus políticas experimentarían directamente el poderío del país que gobierna, y se esforzó en alertar a los presentes para que no sean actores pasivos frente al fenómeno migratorio que se experimenta en América Latina. Pero lo más notable fue la insistencia en poner a Estados Unidos primero, por encima y por delante de cualquier otro Estado u organismo. En realidad, no hubo novedades en lo expuesto. Ha sido la constante en el tiempo que lleva en la administración.

Un día después subió al pedestal el presidente Duque. Su posición también correspondió con las expectativas de gran parte de quienes seguían su participación en la AG. Valga anotar que de una u otra manera desarmó a sus contradictores políticos, cuando señaló estar muy identificado con la necesidad nacional de alcanzar la paz en el país e instó a todos los actores involucrados a trabajar por ella. Igual que Trump, las palabras y promesas de campaña se ven reflejadas en las acciones de su gobierno.

Además de ello, se sintonizó no solo con los líderes que han reclamado una posición más enérgica frente a la problemática venezolana, generadora del flujo migratorio incontrolado que hoy experimenta la región, sino con los que también han expuesto profundas preocupaciones frente al fenómeno del narcotráfico. Ese es un tema que relaciona a los tres gobiernos que se están reseñando en este texto, dado que ahora se ha vinculado a funcionarios del gobierno venezolano con dicha dinámica ilegal.

Horas más tarde, llegando al final de la jornada, fue el gobernante venezolano quien apareció en la escena. Tampoco hubo mucha sorpresa con su intervención, pues se mantuvo en el reclamo de un statu quo poco favorable a los gobiernos que optan por luchar en procura de la autonomía. Fue más de lo mismo.

Maduro mantuvo su posición de paria y perseguido por las oligarquías globales, a través de un complot que se fabricó, según él, a partir de una crisis migratoria inexistente.

Su intervención, aunque recibió aplausos de muchos en el recinto, estuvo contrariada por la mayor parte de las que los demás líderes de la región habían expuesto, instando a actuar en favor de los cientos de miles nacionales venezolanos que han terminado recorriendo los países de Suramérica, incluso caminando, en procura de soporte para sus problemas de desarraigo.

Aunque esperada ansiosamente por muchos, la Asamblea General de la ONU volvió a mostrar su inoperancia. Discursos que solo ratificaron lo que ya se conoce y ninguna decisión que pueda favorecer o, por lo menos, vislumbrar alguna posibilidad de mejoramiento de las situaciones más problemáticas de hoy. Diversos asuntos se ratificaron, pero muy pocos fueron novedad.