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Analistas 10/05/2022

Internacionalizarse no es solo exportar

Luis Fernando Vargas-Alzate
Profesor titular de la Universidad Eafit
LUIS-FERNANDO-VARGAS

En las últimas semanas se han escuchado muchas ideas y análisis de lo que ha significado para el país el hecho de haber alcanzado valiosos diagnósticos a partir de las discusiones generadas por la Misión de Internacionalización y todo lo que de ella se desprende. Resultados que por lo menos se pueden medir en términos de propuestas y hojas de ruta para que la sociedad tome ventaja en diversos escenarios. Ello se ha combinado con otros análisis más específicos sobre lo que ha representado la primera década de puesta en marcha del tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos. De todo ello han salido reflexiones interesantes e, incluso, algunas propuestas para servirse de los hallazgos socializados.

Sin embargo, y aunque la Misión de Internacionalización ha enfatizado que el tema va mucho más allá de pensar a Colombia como un gran exportador de productos con algún valor agregado, llama la atención que muchos actores económicos sigan con la idea que la internacionalización del país siga siendo medida exclusivamente con el nivel de sus exportaciones. Y es más crítico aún, cuando se evidencia que las cifras de ventas al exterior, excluyendo las minero-energéticas (o, incluso manteniéndolas) no presentan ningún repunte que explique la curva ascendente de principios de siglo, por ejemplo.

En estos mismos sectores se le resta importancia, por ejemplo, a las importaciones como uno más de los mecanismos que fomentan la internacionalización. Con frecuencia se escucha cómo se le pone un tono lastimero al hecho que la balanza comercial del país no sea superavitaria con todos sus socios comerciales. Claramente eso es problemático, pero no se puede partir de la premisa que las importaciones sean un asunto negativo per se.

Sólo es necesario partir de la lógica del desarrollo de un buen plan de reconversión industrial, donde es condición volcarse hacia las importaciones de maquinaria, equipo e insumos que permitan proyectarse a un futuro exportador quizá. Por tanto, de acuerdo con el análisis que se precise, no se puede desestimar a las importaciones como parte importante de la internacionalización.

Ahora bien, yendo más allá del ámbito comercial, es también preciso llamar la atención que las estrategias de internacionalización de los diversos sectores económicos pueden ser supremamente variadas, y no limitarse a vender productos o servicios al exterior. La generación de filiales, las franquicias, fusiones, adquisiciones, las alianzas estratégicas, la subcontratación, el intercambio en(de) redes, los consorcios, etc., entre otras diversas maneras de interactuar con el ámbito internacional, son muestra de que no sólo exportando se logra poner en buen punto un proceso de internacionalización.

Sumado a lo anterior, cuando se precisa hacer referencia a la internacionalización del país no debe orientarse sólo al terreno de la economía. También hay que pensar el proceso en lógica social, en clave de apalancar procesos y planes de desarrollo de la nación colombiana. Y no es para pensar que hay que poner a viajar a los cincuenta millones de colombianos; aunque de una u otra manera, con una educación de altos estándares eso sería virtualmente posible. Es decir, no hay que preocuparse porque los habitantes del país vayan andando por el mundo (por simple imposibilidad financiera), pero sí se puede trabajar en ponerles el mundo en sus manos.

El bilingüismo, la creación de un currículo basado en realidades, necesidades e intereses de los ciudadanos de hoy, el acceso a tecnologías (TIC) y el otorgamiento de herramientas útiles al logro de objetivos prácticos, aplicables en el sector productivo, y con claras posibilidades de interacción con otros ciudadanos en cualquier lugar del mundo, marcarían la diferencia entre lo que se ha conocido hasta hoy como el habitante promedio y otro, ya internacionalizado, y presto a enfrentar los retos con visión global.

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