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Un semáforo para cuidar la salud

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Luis Felipe Gómez Restrepo - rector@javerianacali.edu.co Rector Universidad Javeriana Cali

¿Le gustaría que en los alimentos que va a comprar en la tienda o supermercado aparezca un rótulo frontal que a modo de semáforo (rojo, ámbar o verde) le indiquen la cantidad de grasas, azúcar y sal de cada producto? ¿Y que lo pueda ver sin lupa y a distancia?

Colombia ha librado duras batallas para sacar adelante el proyecto de Ley No. 019 de 2017 que busca modificar las etiquetas de los productos exigiéndole a productores e importadores de alimentos que informen en etiquetas claras, indelebles y visibles la cantidad de azúcar, azúcares libres, edulcorantes, sodio, grasas totales, saturadas o trans, en los productos industrializados que compramos a diario.

Aunque el proyecto de ley fue aprobado en segundo debate de la Cámara, quienes la proponen señalan que el lobby de la industria y la presión ejercida, logró remover artículos fundamentales que eran el corazón de la ley. No se logró aprobar la etiqueta frontal que, tal como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud, sirve al consumidor para tomar mejores decisiones sobre los alimentos y cuidar su salud.

La propuesta de etiquetas frontales, viene con la idea del llamado Semáforo Nutricional, una iniciativa que busca reducir las tasas de obesidad y de enfermedades derivadas de una mala alimentación.

Si el componente está en bajas cantidades la etiqueta debe mostrar el color verde, si está en cantidad promedio, ámbar y si está muy concentrado, rojo. A este semáforo se añade el color gris, que suma un criterio al consumo que es la cantidad de calorías.

Este método fue creado por la Food Standard Agency (FSA), del Reino Unido y ha sido apoyado por la Comisión Europea y por grupos industriales y asociaciones de consumidores.

Un alimento puede tener alto el sodio, pero bajas las grasas y azúcares, o cualquier otra combinatoria en estos casos el consumidor puede no saber qué hacer.

Países como Francia implementan otros métodos que valoran integralmente los alimentos con cuatro categorías marcadas con letras que van desde A- para un alimento óptimo, hasta E – para un alimento pésimo. El etiquetado como elemento de decisión es importante para educar a la población y mejorar su salud.

El argumento de quienes se oponen al etiquetado frontal del “semáforo nutricional” es que si bien, las luces de colores permiten clasificar los componentes de los alimentos, no promueven el análisis del resto de propiedades.

Un producto que se ha juzgado como saludable, por ejemplo, el aceite de oliva, podría tener etiqueta roja como alto en grasa y quedar en la mente del usuario como un producto peligroso para la salud.

En 2017 algunas marcas de la industria alimentaria de gaseosas y otros productos, muy reconocidas se sintieron muy afectadas y desafiaron la medida en distintas partes del mundo.

Incluyeron, de manera que podría interpretarse como “engañosa”, el modelo del semáforo en las etiquetas de sus productos. Lo que reportan las noticias sobre el tema es que las cantidades de azúcar, grasa y sodio, presentadas por la industria, no coinciden con el modelo propuesto por la FSA, de suerte que, casi ninguno de los reconocidos productos, quedó con advertencia o con luces rojas para su consumo. Quisieron mostrarse preocupados por la salud de sus consumidores.

Las etiquetas en los alimentos, con información veraz para el consumidor se constituye en un deber de las empresas y en un derecho del consumidor, y si esta información se hace más clara, se puede esperar que mejore la alimentación y se consuman alimentos más sanos.

Si bien las solas etiquetas no son suficientes, el semáforo puede contribuir, junto con una buena formación alimenticia, a que las personas tomen mejores decisiones.

La oportunidad quizás es trabajar con todos para que esta información ayude a la población a mejorar su salud, al tiempo que se promueven industrias prósperas, socialmente comprometidas. Esperemos que Colombia avance en el tema de manera responsable.

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