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Sobre el 50% de la humanidad

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“No Sin Mujeres”, así se llama la lista abierta con la que los científicos sociales españoles se han hecho notorios por estos días, por un manifiesto donde afirman que no participarán en actividades académicas, foros, presentaciones, ponencias, sin que haya por lo menos una mujer como experta. Su argumento es que, no es correcto excluir a la mitad de la población mundial ni dejar por fuera la opinión valiosa de las mujeres en los asuntos que son relevantes en la sociedad.

Las reflexiones sobre género y feminismo, rápidamente suscitan en algunos sectores de la sociedad preocupación por un discurso que consideran altamente ideologizado.

Sin necesidad de darle al término ideología la connotación negativa que ha polarizado tanto al país en los últimos tiempos, me parece importante reconocer que el discurso sobre la equidad de género es una reflexión social que nos incumbe a todos.

Nelly Richard, connotada intelectual chilena, en una conferencia sobre brechas de género y feminismos en el siglo XXI ofrecida este año, reconoció la importancia de estas luchas en las que el significante “mujer” es crucial para dar forma más definida a la democracia.

Nos recuerda Richard que a través de esta perspectiva se ha logrado hacer avanzar la ley, la política pública y las instituciones, logrando que se corrijan brechas que ponen en situación de desventaja a la mitad de la población del mundo.

En Colombia, según cifras del Dane para el primer trimestre de 2018, el total nacional de desempleo para los hombres fue de 8,2%, mientras que para las mujeres fue de 14%. Según cifras de Naciones Unidas, cuando las mujeres participan en el mercado laborar ganan 18,7% menos que los hombres desempeñando las mismas funciones.

En temas de equidad ha habido importantes avances, pero todavía no son suficientes. En el concierto mundial, las mujeres tienen apenas un 16% de representación en los cargos directivos de las empresas, aunque lentamente han logrado tener más participación en el Gobierno.

En Colombia para marzo del 2018 teníamos 21% de mujeres en el Congreso y 31% de los cargos ministeriales. Avances que necesitan ir creciendo para lograr auténtica equidad.

El Acuerdo de Paz también trae un aporte en la equidad de género en el país, al hacer a las mujeres rurales beneficiarias de programas de acceso, formalización de tierras, soluciones de vivienda equitativa y garantías de participación política. También las incluyó de manera importante en procesos de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos y en créditos de fomento rural que contribuyen a saldar una deuda histórica mucho más grande que la de la mujer urbana.

A pesar de los avances que he mencionado, un tema muy sensible en Colombia y en el mundo, es el de la violencia contra la mujer. Las estadísticas de medicina legal señalan un aumento este año en el país de estas cifras. El balance entre enero y febrero mostró 18.267 mujeres violentadas de diferente manera; en promedio, 13 mujeres cada hora. De este total, 3.268 son casos de violencia sexual; estamos hablando de entre dos y tres mujeres agredidas cada hora.

El informe de Carlos Valdés, director de la unidad forense, afirma que las niñas entre 10 y 14 años son las principales víctimas. Por cada niño de esta edad agredido sexualmente, se registran cinco niñas vulneradas. La cifra de menores entre cero y cuatro años es también dramática y vergonzosa. Los informes forenses hablan de cinco niñas abusadas cada siete horas. En estos casos, los principales responsables son miembros de su familia.

Hagamos nuestra una frase que se le atribuye a la joven escritora del Holocausto, Ana Frank: “Que maravilloso es que nadie necesita esperar un momento antes de comenzar a mejorar el mundo”. Hagamos lo propio en el tema de la equidad y la justicia para la mujer, como ya dieron muestra los científicos sociales españoles.

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