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Analistas 14/12/2021

Colaos en el ascensor del mínimo

Luis Felipe Gómez Restrepo
Rector de la Universidad Javeriana Cali

Los altos ejecutivos que tienen salarios integrales han ido montados calladitos en el ascensor del Salario Mínimo, gozando cómo sus salarios aumentan por encima de la inflación. Así, la política social del Salario Mínimo está generando una distorsión no deseable al beneficiar también a la otra punta del nivel de remuneración en el país, ya que no solamente beneficia a los que ganan el mínimo, lo que generalmente es aceptado por la opinión pública, sino que igualmente premia a los que ganan lo que podríamos llamar el “máximo”. Dejando así en medio, y sin queso, a una buena parte de asalariados que están entre los dos extremos.

La razón, muy sencilla, el Salario Mínimo ha venido creciendo en términos reales (por encima de la inflación) en los últimos años, esta política se ha impulsado desde la Presidencia de la República como acción de redistribución del ingreso en el país, que si bien algunos critican por el hecho de que puede impulsar la informalidad y más que crear la informalidad impedir que disminuya, por el encarecimiento de la creación de nuevas plazas de trabajo especialmente en las no calificadas, es una política muy positiva. Pues es precisamente el salario mínimo el que es punto de referencia para los que devengan el famoso Salario Integral previsto en el artículo 132 del Código Sustantivo del Trabajo: “… cuando el trabajador devengue un salario ordinario superior a diez (10) salarios mínimos legales mensuales, valdrá la estipulación escrita de un salario que además de retribuir el trabajo ordinario, compense de antemano el valor de prestaciones, …”. Así, cuando sube el Salario Mínimo y en su misma proporción, se eleva el Salario Integral.

¿Y cuál es el problema? Dos son los grandes efectos secundarios de haber atado el Integral al Mínimo. Por una parte, la política social muy ligada al Mínimo termina costándole más a la economía, por los incrementos reales que tienen quienes ganan los altos salarios que son los Integrales. De otra parte, generan una distorsión en término de justicia distributiva al generar una brecha de aumento entre los asalariados que ganan más del Mínimo, pero menos que el Integral, pues a ellos el ascensor normalmente va al mismo ritmo de la inflación, rara vez por arriba. Mientras que para los otros va por encima de la inflación.

En efecto, vamos algunos ejemplos: el salario mínimo en el 2017 creció por encima de la inflación en 1,3%, en el 2019, el 2,8%, en el 2020, el 2,2%. Es decir, anualmente quienes devengan el Salario Integral también han sido beneficiados de la política social y han visto aumentar sus salarios Integrales por encima de la inflación, es decir, con un crecimiento real. Y este año, con el anuncio del Presidente de apoyar un aumento por encima del 10% se volverá a configurar la situación.

Es hora que el Ministerio del Trabajo ponga fin esta distorsión y redefina el Salario Integral ligándolo a un valor de unidades de poder adquisitivo y suprimiendo la referencia al Salario Mínimo, para que no haya la distorsión que hemos señalado. Con esta modificación no se golpeará tanto la economía por cuenta de un efecto no deseado de política salarial que está beneficiando a los que menos ayuda requieren.

Esta es otra de esas realidades a reformar de la legislación laboral, conjuntamente con la del subsidio a las pensiones altas por parte del Estado. Hay que dejar los subsidios allí donde ser requieren únicamente.

En síntesis, hay otras urgencias y prioridades que la economía colombiana debe atender, por lo que debemos evitar las distorsiones de figuras jurídicas que están atadas a instrumentos de la política social. Por ahora, saquemos a los colaos del ascensor social del Salario Mínimo, es cuestión de justicia laboral.