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Analistas 30/06/2022

¿Fin del escepticismo?

Lucas Marín Llanes
Predoc Fellow CESED

Hace seis años era escéptico sobre las virtudes del Acuerdo de Paz. Mis preocupaciones principales eran la falta de resolución de causas estructurales del conflicto que podía crear nuevas olas de violencia y haber perdido la oportunidad de resolver integralmente el problema de los cultivos de uso ilícito. A pesar de haber avances significativos en la implementación de las disposiciones acordadas, como 48% reportado por el Instituto Kroc, tanto los cultivos de coca como el asesinato de líderes sociales aumentaron por la forma como se implementó el punto 4.

Además de estas disposiciones materiales, uno de los ejes centrales del Acuerdo es la construcción de la verdad para reparar a las víctimas y reconciliar al país después de 6 décadas de conflicto armado. Se creó la Comisión de la Verdad, la JEP- donde los actores del conflicto deben contribuir a la verdad para recibir los beneficios de la justicia transicional- y se han hecho audiencias públicas para que el país conozca los testimonios de los actores del conflicto. En una de estas audiencias, Ingrid Betancourt, además de dirigirse a cada uno de los miembros del antiguo secretariado, les reclamó por la ausencia de lágrimas y de palabras desde el alma. Argumentaba, y concuerdo con eso, que en ausencia de esos elementos será imposible construir paz ni cumplirle a las víctimas.

En semanas recientes, se han llevado a cabo en la JEP las audiencias de los macrocasos 03 (falsos positivos) y 01 (secuestros cometidos por las Farc) que han sido histórica y humanamente impactantes. Enfrentar la verdad, reconocer delitos de lesa humanidad y darle la cara a las víctimas requiere de valentía y compromiso con el país. Ese es un paso que, como sociedad, debemos valorar. Incluso, en algunos casos, no sé si por ingenuidad o por deseo, he percibido que estas declaraciones se han dado desde el alma.

Sin embargo, las víctimas se merecen el espacio más importante en nuestra historia y en esta etapa de reconciliación que, esperemos, está empezando en Colombia. Después de años y décadas de sufrimiento no han desfallecido en su perseverancia por alcanzar la verdad sobre los hechos que tuvieron que vivir o que padecieron sus familiares durante el conflicto. Su grandeza y compromiso es de tal magnitud que, algunos, han perdonado a sus victimarios o están dispuestos a hacerlo con tal de cerrar este capítulo del país.

Estos espacios han hecho que el escepticismo desaparezca porque, en mi opinión, son la base para construir paz en todos los territorios, fomentar la convivencia y la reconciliación, y reparar a las víctimas. En ese sentido, todos los colombianos deberíamos involucrarnos en este proceso y dedicarle el tiempo necesario a estas audiencias para sanar, conocer lo que han vivido y sentido las víctimas, y contribuir a esta apuesta nacional.

Hay múltiples retos para lograr la construcción del país que anhelamos. En primer lugar, desde la institucionalidad debe haber legitimidad suficiente para que los expedientes de la JEP y el informe de la Comisión de la Verdad impacten a todos los sectores de la sociedad. Adicionalmente, debemos exigir a actores del conflicto y a instituciones que cumplan con el esclarecimiento, con todas las demandas de las víctimas, con su reparación y con todos aquellos que le apostaron al Acuerdo, como los 100.000 hogares de cultivadores de coca que cinco años después de la implementación solamente el 9% ha recibido los beneficios pactados. Cumpliendo, tanto institucionalidad como actores del conflicto, recuperaremos la confianza entre colombianos que necesitamos para reconciliarnos.

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