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ANALISTAS 28/01/2026

Crédito privado vs. crédito bancario

Louis Kleyn
Analista

La crisis de 2008, que puso en grave peligro a los más grandes bancos de Estados Unidos, motivó la Ley Dodd-Frank de 2010, la cual instituyó una regulación más estricta para la actividad crediticia y aumentó las exigencias de capital a los bancos, limitando y encareciendo la oferta de crédito comercial. A esto se sumo el aumento dramático en la liquidez (“Quantitative Easing”), reflejado en enormes caudales buscando alternativas de inversión, concluyendo en un crecimiento exponencial en el llamado crédito privado (CP), el originado por entidades no bancarias. El saldo de CP en Estados Unidos ha pasado de US$300.000 millones en 2010 a US$1,7 billones en la actualidad. En comparación, el crédito corporativo en los balances de los bancos es de alrededor de US$2,2 billones, adicionado en rotativos aprobados por US$2 billones. En 2025, los CP colocaron nuevos créditos corporativos por US$160.000 millones y los bancos por US$125.000 millones, (la cartera bancaria total en Colombia es de US$200.000 millones). Durante los últimos 5 años, el saldo de CP ha crecido 53% y el de corporativo bancario 14%.

El CP se puede separar en tres categorías. El que hace parte de las titularizaciones (“Collateralized Loan Obligations”), por US$150.000 millones. Los Fondos de CP, con cerca de US$850.000 millones colocados y US$200.000 millones disponibles. Y, los vehículos llamados “Compañías de Desarrollo de Negocios” (“Business Development Companies, BDCs”), cuyas acciones están generalmente inscritas en bolsa, con un valor aproximado de US$500.000 millones. Dos de los más grandes son el de Ares Capital (US$29.000 millones), y el de Blackstone (US$69.000 millones). Este último, por ejemplo, tiene alrededor de 700 deudores, con una tasa promedio superior a 9%.

En contraste, los bonos corporativos con calificación B tienen actualmente una rentabilidad de 6,7%.

La flexibilidad y customización del CP es una gran ventaja. Las condiciones se pactan directamente y se pueden renegociar sin las férreas restricciones que tienen los bancos. Dificultades para pagar se pueden resolver aplicando algo de ingenio; por ejemplo, alargando el plazo, o incluso sumando intereses impagos al capital. Esto último se llama eufemísticamente “pago en especie” (“Payment in Kind”) y representa e 8% de los ingresos de los BDCs. Siniestros recientes con pérdidas sustanciales alertaron sobre los peligros que el exceso de CP puede traer, entre otras, la compañía de autopartes, First Brands (US$10.000 millones), y la de concesionarios de carros usados, Tricolor (US$5.000 millones). El surgimiento del CP es parte del largo camino de desintermediación favorecido por los desarrollos tecnológicos y de los mercados financieros que permiten, en teoría, una mejor asignación de riesgos y plazos. Inevitablemente preocupan la opacidad en la información, la iliquidez de créditos tan específicos, los conflictos de interés de los gestores quienes cruzan financiaciones con sus inversiones en “Private Equity” y aseguradoras y, la exposición indirecta de los bancos, que paradójicamente apalancan partes cardinales de los Fondos.

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