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Los bogotanos nos quejamos incesantemente de la escasa infraestructura vehicular, y con razón. La ciudad esta permanentemente colapsada, aún con las limitaciones impuestas por el pico y placa, y esto con menos de un carro por cada cuatro habitantes, muy por debajo de nuestros comparables latinoamericanos. El liderazgo de la ciudad desde hace 35 años ha mantenido dudas sobre la conveniencia de brindarle una acogida incondicional al automóvil, suponiendo que demasiados carros deterioran irreversiblemente la calidad de vida, como sucede en las grandes urbes norteaméricanas. No obstante, probado por lo sucedido en el resto del mundo, el carro privado continuará multiplicando su presencia y es imprescindible reforzar la expansión vial, al márgen del “modelo de ciudad” al cual aspiremos. Los parqueaderos son una pieza modesta pero fundamental de este andamiaje. Una mayor disponibilidad de estos permite que los carros evacuen las vías cuando no esten circulando, facilitando la movilidad.
La política frente a los parqueaderos ha venido evolucionando desde que en 1971 se implantó el control tarifario. Los artículos 89 y 90 de la Ley 1801 del 2016 definieron el marco para la gestión reciente. En Bogotá, el Acuerdo 695 de 2017 prometía gestionar la demanda mediante un “Sistema Inteligente de Estacionamientos” y, el Decreto 497 del 2023, con el “Plan Maestro de Estacionamientos” se propuso ¡reducir en 5% las plazas disponibles! El Acuerdo 927 de 2024 introdujo el concepto de la “libertad regulada” para promover la libre competencia. El resultado de estos vaivenes regulatorios es que actualmente Bogotá cuenta con sólo 180.000 plazas de parqueo público, más 5.000 puestos en las zonas azules, evidentemente insuficiente para 2 millones de carros.
Dentro de este panorama, el año pasado se concretó la venta de Central Parking System a Indigo, la gigante multinacional francesa del parqueo. Anteriormente, ésta había adquirido City Parking, con 171 parqueaderos: 129 en Bogotá y el resto en otras 17 ciudades. Indigo quedará ahora con más de 200 puntos en la ciudad y con más de 25% de las plazas, en general las mejor ubicadas. Los parqueaderos son ahora una categoría muy atractiva para los grandes inversores. En el Reino Unido, las compañías de parqueo privadas administran más de 50.000 puntos, cinco veces más que en 2012. En España, al final de 2025, se vendió iPark, 65 parqueaderos con 31.000 plazas, por US$350 millones, a la firma de private equity CVC. Un paso esencial y sencillo para mejorar la movilidad en Bogotá es duplicar la oferta de parqueo. Las zonas azules son útiles, pero su alcance es necesariamente limitado, ocupan escaso y costoso espacio vial y son muy onerosas de operar. La metodología expuesta en el Decreto 041 de 2025 para calcular la tarifa máxima (en 2025 $12.000 la hora), se puede ajustar para justificar tarifas superiores en las áreas de más alta demanda (parque 93, zona rosa, zona G, etc.), y motivar la oferta de inversionistas. Esto, siempre acompañado de un vigoroso control al parqueo prohibido.
Lo analógico reaparece. Libretas, papel, libros físicos. Objetos que no piden ser compartidos para existir. No es nostalgia. Es anclaje. Es la necesidad de peso y presencia frente a una vida excesivamente mediada, donde todo circula, pero poco permanece