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¡No tenemos personajes!

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Terminó Halloween, tiempo perfecto para reflexionar acerca de los personajes dignos de imitación para los colombianos. Me hastié de ver tanto ser disfrazado de “La casa de papel” en los centros comerciales de Bogotá. Además ¡qué cosa más insípida un overol rojo y una máscara! Pero bueno, es la serie de moda.

Pero lo más sorprendente fue ver en pleno 2018 tanto disfraz de El Chavo y La Chilindrina. Casi 50 años de esos personajes y 26 años desde la grabación del último episodio y todavía siguen vigentes. Eso nos recuerda la genialidad de Gómez Bolaños, pero también la urgente necesidad de crear personajes. ¡No tenemos personajes criollos!

¿Hace cuánto no tenemos uno que nos apasione y esté en boca de todos gracias a nuestra tele? Ya sé en quién están pensando: en el perverso Pablo Escobar, que gracias a la serie de 2012 se implantó como personaje de ficción en el imaginario colectivo global, y a las secuelas extranjeras como Narcos. ¡Ese no puede ser nuestro personaje insignia! Nuestra televisión se ha dedicado a crear historias y se ha olvidado de inventar personajes. Buenas o malas, pero los personajes no trascienden. Y no trascienden porque se trata de bionovelas (o telenovelas biográficas) tipo Diomedes, Marbelle, Gali, Helenita Vargas, la vendedora de rosas, o las más absurdas: las genéricas sin nombre como La reina del Flow o La mamá del 10. Las otras son narconovelas cuyos personajes no son dignos de imitación. ¿Y los buenos para cuándo? El inigualable Don Chinche y su socio Eutimio Pastrana Polanía, llenos de riqueza en su apariencia, en su manera de hablar, en sus movimientos que bien podrían ser nuestro equivalente a El Chavo o a Cantinflas. Tenemos dos remedos recientes en Hassam y en Suso, que se acercan a lo que buscamos. Josefa Chivatá, Betty la Fea, Nicolás Mora, Pedro el Escamoso, El man es Germán, Beto Reyes, la Tía Laisa, el Fercho Durango, el Padre Pío Quinto, la Tía Cena, La Abuela, Lola Calamidades… los hemos tenido, pero han sido fugaces, las industrias televisivas chibchas no los han sabido explotar a largo plazo y la audiencia también los ha echado al olvido por estar a la moda.

Estados Unidos, México y España nos llevan años de ventaja en ese tema. Los gringos tienen claro que los personajes deben estar bien estructurados, con una sicología clara, un pasado, un futuro, una vida propia más allá del libreto. Miren el fenómeno de Pau-li-na De La Mo-ra en La Ca-sa de las Flo-res, ¡Qué bar-ba-ri-dad por el a-mor de Di-os! Miren los personajes de Friends, The Big Bang Theory, Dinastía, Desperate Housewives.

Desarrollar buenos personajes exige de buenos actores y claro, de una relación contractual delicada de derechos de autor entre las partes, pero a largo plazo va a significar plata. ¿Se nos acabaron los buenos actores? o ¿es una falla del nuevo modelo en el que una historia no se escribe a dos, sino a 20 manos? Lo cierto es que nos estamos quedando sin personajes y ahí hay una oportunidad gigante de negocio.

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