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Una dosis que mata

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Ha sonado bastante en campaña la prohibición del consumo de drogas en lugares públicos a pesar del fallo de la Corte Constitucional que lo permite, algunas medidas disparatadas como el pico y placa en los parques han sido mencionadas, lo cierto es que el flagelo de las drogas sigue creciendo en nuestra sociedad.

Desde la sentencia de la Corte Constitucional, en la cual por el libre desarrollo de la personalidad se permite el uso de drogas, siempre y cuando se tenga una dosis personal, el consumo en Colombia ha aumentado, la droga que más se usa según el ODC (Observatorio de Drogas de Colombia) es la marihuana seguida de la cocaína. Según el último estudio, 84,4% de los consumidores de droga colombianos ha probado marihuana alguna vez en la vida, y de esos, más del 50% lo ha probado en el último año. El grupo de mayor consumo se encuentra entre jóvenes de 18 y 24 años, lo cual es una amenaza para la población productiva del país.

En 2017 el NHI (National Institute of Health) instituto nacional de salud, reportó que el número de muertes causado por sobredosis en Estados Unidos teniendo en cuenta todo tipo de drogas fue 72.306. Después de los opioides, los analgésicos y la heroína, la cocaína ocupa un lugar significativo en el incremento de muertes por sobredosis con 15.556 durante el mismo año. A esto hay que añadirle que en años anteriores entre 2008 y 2014 no se superaban las 6.000 muertes por sobredosis de cocaína. Entre 2015 y 2017 esta cifra por poco se triplicó. Acusar exclusivamente a la legalización del consumo es irresponsable, pero sin duda tiene correlación.

Por ejemplo, en Washington D.C. ciudad con una población de 623.000 habitantes aproximadamente. La marihuana fue aprobada para su uso y posesión desde 2014 con la “iniciativa 71”. Como consecuencia no se puede usar más de dos onzas de la substancia y se puede cultivar hasta seis plantas en la casa. El departamento de salud mental DBH (Department of Behavioral Health) en 2017 dio tratamiento a 25.191 personas, 5.711 con problemas de drogas y alcohol y 2500 de ellos con desórdenes concurrentes (problemas de salud mental y adicciones a la vez). El costo en tratamiento para este número de personas fue de más de US$98 millones.

Colombia, además del gasto en orden público, tiene que invertir en este nuevo problema de salud pública, pues su tratamiento ni es fácil ni es barato, como dice el psicólogo experto Milton Sánchez: “El que sufre de una adicción debe recibir tratamiento, pues puede causar la muerte. Esta es una enfermedad crónica, que trae un largo sufrimiento y no tiene cura. Su tratamiento consta de diferentes niveles de cuidado dependiendo la magnitud del problema para que la persona vuelva a ser funcional. Su tratamiento es muy costoso no solo para la familia, sino para la sociedad. Con o sin dosis mínima, la prevención debe ser la prioridad”.

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