Analistas

Un mundo de relativa paz

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Juan Manuel Nieves R.

El mundo va a cumplir casi un siglo sin una gran guerra; no es mucho el tiempo que se puede contabilizar en la historia sin ese gran evento; hasta 1939, desde que el hombre se asentó en un territorio, ha luchado por poseer algún recurso del vecino, por la fuerza.

Mucho se habla del peligro de la guerra y el temor vuelve por momentos, pero de manera aislada, porque una vez asentadas las naciones y después de la segunda guerra mundial, han sido esporádicos los momentos en los cuales un país pelea con otro; se vienen a la mente las guerras contra Israel, Vietnam, el intento de invasión de Iraq a Kuwait y las refriegas de Perú con Ecuador. En África la mayoría de conflictos ha sido entre tribus y más que guerras ha habido golpes de Estado. Este periodo ha traído prosperidad en el mercado mundial; hoy los países se enriquecen más en un periodo de paz que conquistando, como en la antigüedad; el mercado y el capitalismo han logrado traer un periodo de paz al menos a nivel global.

Aun así, los países siguen invirtiendo millones de dólares en gastos de seguridad, Colombia el año pasado invirtió más de US$10 millones; es el más alto de la región, pero su situación lo justifica; la guerra de guerrillas que se convirtió en un instrumento de terroristas y narcotraficantes, a pesar del proceso de paz, se mantuvo vigente. Las tropas permanecieron vigilantes, pero sin actuar durante el proceso.

Los incumplimientos y sobre todo el incremento del narcotráfico deben llevar a las fuerzas armadas una vez más a intentar derrotar el enemigo, Sin embargo, hoy en Colombia mueren más personas por problemas del corazón que por el conflicto armado y las muertes violentas en su gran mayoría están correlacionadas con la venta y distribución de sustancias ilícitas como lo sugiere la Fundación ideas para la paz.

Estados Unidos aumentó su inversión a más de US$600 millones; si bien no está cursando ninguna guerra, es la potencia mundial en este momento y tiene la capacidad de incursionar casi en cualquier parte del mundo; aun así, sus muertes son por problemas de corazón y diabetes y las violentas son por crímenes internos asociados a delitos comunes. Hoy como nunca en la historia el ser humano vive una relativa calma; no se viven economías de guerra y las tensiones de salir a combatir son menores. Los tratadistas coinciden en dos condiciones: la primera, que las guerras cada vez son más caras: un misil vale miles de dólares y costear un ejército es muy oneroso; el segundo factor, las ventajas de la guerra son menores; ya ocupar un territorio por los recursos naturales no es igual de rentable que hace un siglo; hoy el patrimonio es el conocimiento y se encuentra mucho de él en la red.

Con todo esto hay una variable que nunca debe dejarse por fuera y es la capacidad humana para hacer el mal y la profunda estupidez que también la acompaña: cualquiera de las dos puede echar por la borda años de conquista y de relaciones económicas.

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